ROSA

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viernes, 3 de septiembre de 2010

La Virgen Maria Medianera de todas las Gracias y la vidente Maria de Los Angeles Sorazu

María Medianera de Todas las Gracias es la de María de los Ángeles Sorazu, Sor María de los Angeles, que narra esta visión de la Virgen Medianera de todas las Gracias, María, asunta a los cielos, no ha dejado su misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna.

La mediación universal de la Santísima Virgen María es una doctrina que parece deducirse cada día más claramente de la enseñanza tradicional de la Iglesia. Hasta tal punto está ligada la solicitud maternal de María por todo el género humano a la misión redentora de su Hijo, que forma un todo con ella, y se extiende a todas las gracias que nos ha adquirido Cristo.
La fiesta de María Medianera de todas las gracias la instituyó el papa Benedicto XV en 1921; y en ella se nos invita a recurrir siempre con confianza a esta mediación incesante de la Madre del Salvador.
El Concilio Vaticano II ha escrito sobre esta condición de mediadora de la Santísima Virgen: «María, asunta a los cielos, no ha dejado su misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. «Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador» (LG 62).
Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres. Pero Él, no por necesidad sino por benevolencia, ha querido asociarse otros mediadores. Entre ellos, María.
La mediación de María fluye de un doble hecho: primero, su maternidad espiritual. Ésta exige no sólo la transmisión de la vida sobrenatural, sino también su conservación. Y segundo: su corredención maternal, que requiere la aplicación de la redención a cada uno de los redimidos.
Finalmente, como concluye el Concilio, «la Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador» (LG 62).
LA VISIÓN DE SOR MARÍA DE LOS ÁNGELES
En la Orden de religiosas Concepcionistas hubo varias 'apariciones' o manifestaciones de la Virgen. Pero las 'apariciones' a personas Consagradas, quedan más discretamente conservadas. Aunque los mensajes recibidos son mucho más extensos e intensos que los de las demás apariciones a cristianos laicos, no adquieren tanta dimensión también porque se dan en Monasterios.
Una de ellas, relacionada con la devoción a María Medianera de Todas las Gracias es la de María de los Ángeles Sorazu, Sor María de los Angeles, que narra esta visión de la Virgen Medianera de todas las Gracias, con todos los detalles que puede, recurriendo incluso al dibujo.
Luego después de su muerte, el dibujo fue enviado a Roma y aprobado por el Papa Benedicto XV que también estableció en 1921, la fiesta de María Medianera Universal el 7 de noviembre, con Oficio propio para la Comunidad celebrar.
Hoy, el Monasterio es un Santuario mariano muy visitado y venerado por la fama de santidad de esta Venerable Concepcionista.
Nació en Zumaya (Guipúzcoa) España, el 22 de febrero de 1873, de una familia muy pobre en bienes de fortuna, rayana en la mendicidad
Las necesidades, económicas obligaron a la familia Sorazu a ir peregrinando por varias poblaciones de la provincia, hasta establecerse definitivamente en Tolosa, donde transcurrió la mayor parte de su adolescencia. Las penurias familiares la obligaron a colocarse muy tempranamente como trabajadora en una fábrica de boinas, hasta su entrada en el Monasterio, cosa que tuvo lugar el 26 de agosto de 1891, cuando ingresó en el Monasterio de la Inmaculada Concepción de Valladolid.
El 21 de febrero de 1904 fue elegida Abadesa de dicho Monasterio, cargo que desempeñó hasta su muerte, elegida una vez tras otra por unanimidad de las religiosas. Y es que, a lo largo de este dilatado período, desempeñó siempre este cargo tan comprometido con indudable acierto, de puertas adentro y de puertas afuera.
Su muerte acaeció el 28 de agosto de 1921, cuando contaba 48 años de edad y 30 de vida religiosa.
Ella escribiría al P. Nazario Pérez: ‘No he recibido más instrucción que las primeras nociones que se dan en la escuela de párvulos. Los conocimientos que poseo los adquirí en esta santa casa, en mis relaciones con Dios y con la Sma. Virgen’. ‘No entiendo más latín que lo que Dios quiere que entienda, para mi provecho y de otras almas’.
LA EXPLICACIÓN DE LA IMAGEN DE MARÍA MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS
Del Libro Opúsculos Marianos revisados y anotados por el P. Nazário Pérez sj, sacamos la explicación que Ángeles Sorazu da a los misterios que representa la imagen de la Santísima Virgen como Medianera Universal.
El cuadro representa a la Virgen coronada y rodeada de símbolos tomados del Apocalipsis.
Representa a la Santísima Virgen en su augusta cualidad de Madre de Dios inclinada a una humilde religiosa que espera clemencia y eficaz mediación el soberano favor de la comunión de los misterios de Cristo.
La diadema que ciñe sus sienes representa el absoluto dominio de la Señora sobre la Creación.
Las doce estrellas que contemplan la corona simbolizan sus virtudes: doce perfecciones divinas que participa singularmente en las relaciones que La unen a la Beatísima Trinidad.
Los santos en ella colocados representan a San Juan Bautista y los Santos Apóstoles, los cuales nos revelan la intervención de María en la santificación de las almas desde el Precursor de Cristo y los Apóstoles hasta el simple fiel que conseguirá al fin de los tiempos y la gloria que resulta a la Señora del cumplimiento de su misión de Corredentora y Cosantificadora.
En los ángeles que la circundan, están representados los nueve Coros, y en San Miguel y San Gabriel, San José y Santa Isabel, los miembros de la naturaleza angélica y humana, que se distinguen por su adhesión y amor a la Reina de la creación. Predican todos su excelencia y soberanía.
Los veinticuatro Ancianos Apocalípticos representan los Patriarcas de los dos Testamentos. Los que están sentados, representan a los Patriarcas del Antiguo Testamento. Ostentan éstos una áncora en el brazo derecho y en el izquierdo el ojo de la Providencia. Sostienen además en la mano una vara florida: es la vara de Jessé de cuya raíz subirá una flor, según la profecía de Isaías, cap. XI, símbolo de la Encarnación, cumplida en María. Significan ésta y el áncora, que su vida religiosa se desarrolló en los dominios de la fe y esperanza en la promesa salvadora del Paraíso - “Enemistades pondré entre ti y la mujer, etc.”- relacionada con la Santísima Virgen y su Divino Hijo. - El ojo de la Providencia nos revela el culto que tributaron a la Divinidad. Su vida sedentaria revela el descanso que les procura el cumplimiento de las promesas Mesiánicas, que las leyes natural y escrita perdiéronse felizmente en el Santo Evangelio, que habiendo sustituido el cristianismo a su prole, reposan tranquilos en Dios sin que perturbe su descanso ninguna reclamación de la tierra.
Los que están de rodillas representan los Patriarcas de la era cristiana, o sea los Fundadores de las órdenes religiosas. Su actitud suplicante nos demuestra el interés y celo que despliegan en el acatamiento de Dios y de la Virgen a favor de las Congregaciones que fundaron y continúan su historia. Ostentan en el brazo derecho la Cruz y en el izquierdo la M. Significa que todos practicaron la Verdadera Devoción y compartieron el endiosamiento de la Santísima Virgen, su vida de unión con Jesús, fin último de la vida mariana y su feliz coronamiento. Esta es la gracia que demandan especialmente para sus hijos e hijas de la tierra. Los veinticuatro ostentan en el pecho una Cruz, símbolo del sufrimiento resignado de su historia, llena de vicisitudes y penosos trabajos.
Las siete lámparas representan a los siete espíritus que están delante del trono de Dios y de la Virgen. Las cuatro ruedas, a los cuatro Evangelistas.
La religiosa, al alma mariana que, habiendo practicado la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, anhela vivamente compartir el endiosamiento de la Señora, apoderarse de Jesucristo, identificarse con El, y pide esta gracia repitiendo con fervor creciente la oración: "Ven, oh Jesús, que vives en María. Ven a tu humilde esposa e hija de tu cara Madre. Ven, establécete en mi corazón, extiende a mí la riqueza inmensa de tu vida a través de María. Imponte a mi alma en tu asombrosa y soberana realidad como te impusiste a tu Madre bendita, y a tus Santos Apóstoles durante tu estancia en la tierra y te impones a las almas fieles en la serie de los siglos. Ven, apodérate de mi vida: absórbeme, vive en mi inteligencia y en mi corazón, sé Tú mi vida".
El ángel custodio, señalando a Jesús que se prepara para entregarse a ella, la dice: Por la Casa del Señor Dios nuestro he demandado para ti bienes.
Como si dijera, por el amor que profeso a nuestra Reina, impulsado del celo que me abrasa por su gloria para procurarle las complacencias que de ti espera, he demandado para ti bienes, entre los cuales ocupa el primer lugar la Verdadera Devoción, la transformación en Cristo, que es su fin último. Avaloran la oración del ángel los cuatro Ancianos Apocalípticos que representan [a algunos Fundadores de Ordenes religiosas] los cuales piden que cuanto antes se le conceda la comunión de los divinos misterios que espera su protegida. Para conseguirlo presentan a la Virgen… medios cuidadosamente utilizados por Ella para merecer la transformación en Cristo que demandan a su favor.
Otorga la súplica la Santísima Virgen, rasga con su mano izquierda la túnica y exhibe la riqueza inmensa de la Vida de Cristo que atesora, para extenderlo a la religiosa; la actitud de su mano derecha significa la vigilancia maternal que la Señora prodiga a su divino Hijo, que está dispuesta a recogerlo nuevamente en su seno si la religiosa a quien se entrega no le trata con la estimación que merece y le honra con su fidelidad a las comunicaciones que le concede, las que no consiente caigan en el vacío. La actitud de San Joaquín y Santa Ana - protectores especiales de las almas marianas -sosteniendo los extremos del manto, significa que la Señora comparte con ellos sus designios de la humana santificación y el sumo interés con que procuran éstos quitar los obstáculos que pudieran impedir a Jesús el cumplimiento de sus misericordiosos designios.
El interior de María presenta el aspecto de un templo: significa que la Señora es la Casa y Tabernáculo de Dios; nos revela su excelencia y las relaciones divinas que establece la divina maternidad entre el Verbo Humanado y su Madre.
Jesús se manifiesta a la religiosa en el seno de la Virgen en la plenitud de la edad, extendidos los brazos en actitud de entregarse.
La plenitud de la edad de Jesús, en el seno de María, significa la perfección de la Señora, su perfecta conformidad con el Hijo divino. Viste éste una túnica talar, símbolo de la naturaleza divina, con la inscripción Verbum Dei, Filius Mariae., y por su pecho cruza una banda que simboliza la santa Humanidad que sostiene el Verbo y ciñe y vela -en cierto sentido- la naturaleza y perfecciones divinas. La primera y tercera Persona de la Trinidad retiran la banda, para que conozca la religiosa la infinita excelencia del Verbo que a ella se entrega las riquezas divinas que atesora su doble naturaleza y lo trate con la infinita estimación que se merece: ¡tan interesados están en la gloria de Jesucristo!... Gracias, Padre Santo, gracias, Espíritu divino, y alabanza perpetua os sean tributadas por vuestro celo por la gloria de mi Dios Humanado. Continuad vuestra misión revelando al mundo la realeza divina de Jesús, para que sea amado y glorificado de las almas y estimado como se merece. Amén.
Contestando a la súplica de la religiosa, le dijo Jesús: Ecce venio, sponsa mea. Ego sum merces tua magna nimis: He aquí que vengo, esposa mía. Yo soy tu recompensa soberanamente grande -inscripción de la banda-. La orquesta angélica se adelanta a Jesús, y penetra en la celda de la anhelante esposa. En obsequio de los celestes músicos, que buscan lugar competente para producir sus notas inefables, la humilde celdita se dilata misteriosamente, tanto que nuestra mirada se pierde, y ninguno, fuera de la agraciada que los vio venir, puede contar el número de los que forman la angelical orquesta.
Como si quisieran completar el Ecce venio, que Jesús entona, empiezan éstos sus conciertos, vibrando con majestuosa solemnidad y divina armonía las palabras de la santa Escritura que dice: Gaude et laetare, filia Jerusalem, ecce Rex tuus veniet tibi: “Gózate y alégrate, hija de Jerusalén: he aquí tu Rey que viene a ti”. Mientras cantan unos y arrancan otros armonías inefables a los instrumentos que manejan, varios contemplan extáticos la belleza y soberanía de la Virgen y su poder admirable, tan hábilmente empleado a favor de sus devotos, y la infinita condescendencia de Dios Humanado que se prodiga a los mismos por medio de su Madre bendita. Sea por siempre bendito y alabado. Amén.
1Tim.2,5 Porque Dios es único, como único es también el mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo. Pero entre los hombres y Jesús hay muchos mediadores: cuando somos apóstoles del mensaje cristiano, estamos siendo mediadores.
Jn 2 En Caná, María fue Mediadora y adelantó el primer milagro de Jesús
María es la Mediadora Universal y por excelencia:
Lc 1, 38 Se hizo la Esclava del Señor y por Ella vino el Hijo de Dios al mundo
Jn 19, 25 En la Cruz nos es dada como Madre. Madre de Dios y Madre nuestra, ¿qué mayor mediación puede haber?
La mediación universal de María, tanto en la obtención como en la distribución universal de todas las gracias, arranca y se fundamenta en su función de madre espiritual de todos los hombres, que se inicia en la tierra y continua ejerciéndolo desde el cielo, por lo que María coopera en la impetración y distribución actual de todas las gracias concedida a los hombres.
Ahora bien, mientras que Cristo, como mediador entre Dios y los hombres, es la causa principal de esta mediación, independiente y necesaria, María, como medianera, es causa secundaria, dependiente de la de su Hijo, nunca autosuficiente e hipotéticamente necesaria.
Así habla el Concilio: “María con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y se hallan en peligros”.
Y más abajo añade: “Por este motivo la Sma. Virgen es invocada el título de Medianera”.
Y da otra razón: “Si Cristo comparte con los fieles su único sacerdocio, también puede compartir y de hecho comparte con la más grande de las criaturas, que es María su Madre, el don de la mediación”.
Y, finalmente, termina este capítulo dedicado a la mediación, recomendando a todos nosotros que acudamos a la protección de María . “La iglesia no duda en confesar la función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles para que, apoyados en esa protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador”.