ROSA

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domingo, 5 de septiembre de 2010

Rennes-le-Château: El Enigma De Un Cura Rural Berenger Saunière de Toledo

Rennes-le-Château es un pueblo y una comuna francesa en el departamento de Aude, en el área del Languedoc. Situado en la cima de una montaña.

En los últimos años este pueblo ha recibido una gran cantidad de turismo debido a una leyenda moderna sobre el párroco Bérenger Saunière.Hacia 1792, la organización ocultista y hermética del Priorato de Sión comisiona a Antoine Bigou, párroco del pueblo francés de Rennes le Château desde 1774, (un cura antecesor de Sauniere) para que viaje a España, siguiendo las pistas que apuntan hacia la localización de tesoros históricos. Un destino ancestral clave era Toledo, el lugar de donde parten en su origen todas las leyendas esmeraldinas, tanto la copa esmeralda del Santo Grial como el Espejo o Mesa de Salomón.




Cien años más tarde, hacia 1900, el famoso cura de la Iglesia de Magdalena, del mismo pueblo de Rennes le Château, Francoise Berenger Sauniere, realiza uno de sus viajes secretos, repitiendo la misma misión de Bigou, y se presenta en Toledo. ¿Qué hacía Berenger Sauniere en Toledo?...
Al parecer, este sacerdote iniciado había encontrado importantes legajos, objetos y tesoros legendarios del pasado merovingio y cátaro de Francia. Sin embargo si viajó a Toledo es porque buscaba algo muy importante, que evidentemente aún no había encontrado entre sus tesoros; se dice que sus pasos iban tras la Mesa de Salomón. Y sus pistas e informaciones no eran malas.
Sus pistas cátaras y merovingias le llevaron hasta la capital del Reino Visigodo, Toledo, en busca de La Mesa de Salomón. Naturalmente, Francoise Berenger Sauniere no iba por libre, sino comisionado por las poderosas órdenes herméticas de Francia, como el Priorato de Sión y la Orden Rosacruz. Hay momentos en la Historia en los que las tramas del Secreto de Rennes le Chateau y La Cueva de Hércules de Toledo se cruzan. Cerca del año 1900 el párroco Sauniere se presentó en Toledo, buscando la Cueva de Hércules y la Mesa de Salomón.

Sin duda que fué muy interesante la estancia del cura Sauniere en Toledo. Con toda seguridad que Sauniere visitó la Catedral de Toledo, así como otros lugares mágicos y poderosos de la milenaria ciudad. Hablaría con una serie de personajes clave, conocedores de los secretos de Toledo, cargos eclesiásticos que al mismo tiempo militaban en herméticas órdenes ocultistas.
No sacando nada en claro de la capital toledana, el misterioso párroco de Rennes le Chateau se dirigió posteriormente a la zona mágica toledana de la Sierra de Layos, la cual se encuentra a poca distancia al sur de la ciudad de Toledo. Los Montes de Layos encierran una historia muy antigua de leyendas extraordinarias y de tesoros ocultos. Y Como dos columnas iniciáticas se levantan dos pueblos custodiando la Sierra Mágica: Layos y Ajofrín.

Algunas leyendas árabes antiguas rezan que una serie de tesoros visigodos y merovingeos, procedentes de Jerusalén, entre ellos la Mesa de Salomón, fueron ocultados por los visigodos en el interior de las Montañas Mágicas de Layos, hacia el año 711, para que no cayeran en manos de los invasores árabes.


Porque en la Invasión de los musulmanes en la Península Ibérica tuvo lugar un hecho curioso, y es que la trayectoria que llevaban los invasores no era al azar, conquistando cualquier ciudad hispánica, sino que se dirigieron rápidamente a la ciudad de Toledo, para apoderarse de todos los tesoros sagrados y de poder de la Cristiandad, especialmente de la Mesa de Salomón.

Siguiendo el rastro del cura Sauniere en la zona toledana de Layos, éste se presentó en la población de Ajofrín. Se sabe que Sauniere conversó con el párroco de Ajofrín sobre los tesoros sagrados, las reliquias de poder tan buscadas siempre por todas las órdenes secretas de toda la Historia. Y seguramente ambos sacerdotes visitaron algunos lugares secretos que guardan los montes sagrados de Layos, en donde se dice que duermen tesoros legendarios
 
En la plaza del pueblo de Ajofrín, ante la fachada de la Iglesia, hay una fuente que es un monumento réplica de la Torre de Salomón, la cual ordenó levantar el Rey hebreo en Toledo, y dominaba sobre toda la ciudad. El Palacio de Toledo estaba adornado con 4 leones orientados hacia los 4 puntos cardinales. La fuente de la imagen no es pequeña, compárese su tamaño con la niña que se apoya en el estanque de la fuente
 
Finalmente, Sauniere, no sacando nada en claro, se rindió ante la pista hebrea de la Mesa de Salomón en Toledo, y decidió probar suerte tirando de la pista árabe de la leyenda de la Mesa de Salomón en Jaén, ciudad a la que el sacerdote de Magdalena se dirigió a continuación.




Y es que la Mesa de Salomón fué construída por el Rey hebreo Salomón, por orden de Yaveh, no para que cayera en manos de organizaciones herméticas ni ocultistas, como el cura ocultista Sauniere, los nazis u otros pretendientes oscuros, sino para que cumpla un propósito divino y sobrenatural en la hora del Fín de los tiempos de este sistema de cosas.

La leyenda dice que el antiguo párroco Bérenger Saunière habría encontrado unos documentos o un tesoro secreto cuyo contenido está poco claro, en uno de los pilares del altar de la iglesia mientras llevaba a cabo una reforma de la misma; cuestión que en su día corroboraron dos de los seis obreros que trabajaron en la obra, que fueron supuestos testigos, y que aún vivían en 1958. El boom turístico de estos últimos años se debe también al éxito de ventas de Dan Brown, El código da Vinci.  Actualmente debido principalmente a este libro, se atribuye que dos pergaminos de dudosa veracidad que están reproducidos y expuestos en el museo del propio pueblo, pertenecerían supuestamente al secreto que fue encontrado por Saunière. En uno de ellos muestra el árbol genealógico de la dinastía Merovingia, cuyos miembros, según una teoría, eran descendientes de Jesús.
Se dice que al mismo tiempo que el cura habría encontrado estos cuatro pergaminos, igualmente su nivel de vida se disparó y que ello no se debía a que el padre Saunière vendía misas haciendo un caso omiso a las estrictas limitaciones de dicha actividad indicadas en el código eclesiástico; y que además solicitaba donativos para la construcción de una residencia de sacerdotes ancianos o enfermos que nunca se edificó, fondos que desvió muchas veces para su propio uso.
De este modo la leyenda asocia su posible descubrimiento al inicio de una serie de construcciones en el pueblo tales como la torre Magdala -dedicada a María Magdalena-, así como la restauración de la iglesia en la que dejo varias señales como una inscripción en la entrada en la que se lee: "Terribilis est locus iste". Este lugar es terrible. Esculturas como el Diablo Asmodeo, guardián de los secretos, y un viacrucis muy peculiar también adornan esta parroquia.  Nadie sabe con que fin pero Sauniere también habría llevado a cabo una "reforma" en el cementerio de la iglesia cambiando de lugar las lápidas y borrando totalmente una de ellas. 
Igualmente se dice que Saunière estuvo tres semanas en París; donde pasó mucho tiempo en el Louvre, y en donde compró reproducciones de tres cuadros sin vinculación aparente entre sí: «Pastores de Arcadia» de Poussin, el «retrato de San Antonio» de Teniers y un retrato anónimo del papa san Celestino V. Así, en esta leyenda se vincula el cuadro "Los pastores de la Arcadia", expuesto en el museo del Louvre, en la que se pueden ver cuatro pastores observando una lápida en la que se lee "Et in Arcadia ego", y en la Arcadia estoy. Algunas personas creen que con ella se puede escribir un anagrama reordenando las letras hasta formar en latín la frase "Aquí en la tumba de Dios", así como que el paisaje que se puede ver de fondo pertenece a Rennes Le Chateau donde curiosamente se encontró una tumba en sus alrededores por desgracia ya vacía y prácticamente desaparecida en la actualidad.




El fallecimiento repentino de Sauniere es otro de los enigmas que encierra el pueblo ya que se dice que su compañera sentimental encargo un féretro con su nombre antes de enfermar. En su lecho de muerte igualmente se dice que fue visitado por un cura vecino de un pueblo cercano pero salió pálido de la estancia, y se negó a darle la extremaunción, ¿Qué le confesó Sauniere al cura en sus últimos momentos de vida?
“Terribilis est locus iste” (Este lugar es terrible) es la inscripción que da la bienvenida en la iglesia de Renne – Le-château, un presagio de lo que han de encontrar aquellos que ingresan esperando encontrar un sitio de recogimiento.

A su muerte la única persona que podría haber revelado la verdad con toda certeza seria su gobernanta, pero ella al igual que su amo murió de un apoplejía en 1953 llevando su secreto a la tumba.



Lo que sigue es una descripción breve de la tumba y cómo he descubierto su ubicación:
La tumba que se muestra en esta página fue descubierta por algunas de las pistas que Sauniere incrustó en los adornos de Rennes-le- Château y su iglesia dedicada a María Magdalena y que he podido descifrar. Por razones obvias, en este momento, no puedo entrar en los detalles de qué métodos utilicé o como llegué a esas pistas.
Las pistas me condujeron a una ubicación en la ladera circundante, y después de una búsqueda exhaustiva de muchas horas, finalmente, junto con mi hermano que me había acompañado en este viaje, encontremos la situación del lugar que estábamos buscando.
El sitio estaba bastante oculto y no lo encontremos hasta dar un segundo vistazo en el mismo lugar. Creo también que el sol estaba en un ángulo ideal para destacar la apertura, haciéndola más visible de lo que normalmente sería. Nos embargo una gran emoción ante la sensación de haber descubierto aquel lugar que tanto habíamos buscado, ante la posibilidad de que a pocos metros de nosotros se encontraba una tumba o tesoro realmente importante. Al encender nuestras linternas en la oscuridad me sentí un poco decepcionado al ver un conjunto de huellas en la tierra suave que cubre el suelo de la cueva. No parecían frescas sin embargo, pensé en el momento que quizás eran de Saunière. Después de aventurarnos más en el interior, encontré un pasillo que se adentraba unos veinte metros, otro pasaje pequeño y angosto se abría en un lateral y se curvaba al final impidiéndonos continuar por allí.
Volvimos a la apertura principal, y comencemos una búsqueda exhaustiva, buscando cualquier signo o marca, tallados en las paredes rocosas como señal de que Saunière había estado allí antes. Todos sabemos cómo le gustaba dejar su marca, pero no hubo nada; ni una sola marca en ningún lugar.
En punto más alto la cueva dejaba sitio suficiente para levantarse y fue aquí que encontré que no estábamos solos – un par de murciélagos había hecho de éste lugar su hogar. La gran parte del techo de la cueva era mucho más baja, y con pendientes y grandes protrusiones en muchos lugares. Esto significó que tuvimos que rastrear de manos y rodillas durante gran parte del tiempo y, a veces incluso arrastrarnos bajo las zonas más angostas para llegar a otras cavidades más grandes. Un par de horas y unos cuantos agujeros excavados más tarde, todavía no habíamos encontrado ningún tesoro ni nada de interés. Era hora de regresar y prestar un poco más de atención a la primera apertura que habíamos encontrado. Arrastrándonos de nuevo lentamente, la luz de nuestras linternas iluminaron los techos que estaban plagados de arañas, algunas de ellas de un tamaño considerable. Esto me hizo acelerar bastante mi marcha porque odio las arañas. Cuando lleguemos de nuevo a la primera apertura, la que se curvaba al final, como era demasiado estrecha para nuestros tamaños, tuve que pensar algo para poder llegar allí con la cámara. Pensé que si querían ocultar algún tesoro en esa cueva, ese lugar sería bueno por estar oculto a la vista. Busqué una rama larga que terminaba en forma de gancho, con la intención de enganchar en ella la cámara de video y poder llegar hasta la curva de la apertura. Si allí había algo, la película de la cámara lo revelaría sin correr más riesgos de lo necesario y sin tener que volver a enfrentarme a otro nido de arañas aterradoras.
Según el investigador Nicolas Haywood, familias nobles como los De Blanchefor, los Aniorts, los De Nègre y los D´Hautpoul vigilaron el lugar hasta que la responsabilidad recayó sobre los sacerdotes. De ahí el estrecho vínculo que unió a Bigou, Saunière, Boudet y Gelis.

El derrumbamiento en la cueva se presume poco después de la muerte de Saunière e incluso se especula que su muerte se debió a que el abad hurtó algún objeto de ella. ¿Fue el derrumbamiento provocado a propósito para que no se volviesen a repetir los robos?
Algunos objetos parecen ser de finales del XIX; unas copas y un libro. “Es probable que en el pasado, cuando la entrada estaba abierta, la tumba recibiera la visita de personas que conocían su existencia y que utilizaran esas copas para realizar algún tipo de ceremonia. Parecen cálices religiosos procedentes de alguna iglesia. Sobre el libro, la portada está muy deteriorada y todavía no hay muchos datos al respecto, -apunta Hammott”. Sobre el sudario con la cruz templada, cree que no debe de ser muy antiguo, a lo sumo un siglo, y que fue llevado allí para sustituir a otro más antiguo.
Con un invento casero, Hammott logró extraer unos cabellos del cadáver que fueron posteriormente analizados en los laboratorios de la Universidad de Lakehead (Canadá). El ADN, aunque bastante deteriorado, arrojó el resultado de que es raro y originario del Oriente Próximo, pese a que no se pudo concluir con este estudio el sexo del cadáver, un primer estudio antropológico ha asegurado de que se trata de una mujer.
Mientras preparaba la rama para la operación, la cámara que estaba preparada y conectada para grabar a mis pies, de repente, desapareció. Mirando sorprendido a mi alrededor me di cuenta de que había caído por un agujero. El hueco, sólo ligeramente mayor que la cámara, pasaba totalmente inadvertido. El hueco era largo y estrecho, mirando con la linterna veía la parte posterior de mi cámara pero estaba demasiado hondo para llegar a ella con mi brazo y era demasiado estrecho para mi cabeza. No todo se perdió, porque si la veía, sabía que podría recuperarla.Con la ayuda de una pequeña cuerda y el palo ganchudo conseguí al final recuperarla y comprobé que todavía funcionaba. Ya se hacía tarde, y pensando que por aquel día ya habíamos explorado lo suficiente y también, imaginando por las huellas de pisadas que aquel lugar ya habría sido explorado por otras personas, con lo cual, de haber algo oculto, ya lo habrían encontrado, tapemos el agujero con una piedra para salvaguarda de los animales (idea de mi hermano) y regresemos dejando en paz a murciélagos y arañas. Mi hermano y yo habíamos ido a Rennes en mi vieja caravana, allí regresemos y tras comer y descansar, algo sonó en los bajos y se averió misteriosamente.

La caravana no podía repararse en Francia con lo que tenía que volver remolcada a Inglaterra. Esto significaba que teníamos que contratar un automóvil y permanecer en hoteles en el viaje de vuelta. Fue en uno de estos hoteles cuando decidí ver las secuencias que habíamos grabado ese día. Conecté la cámara a la televisión de mi habitación y cuando llegó a la parte donde la cámara cayó el agujero, vi las imágenes que se habían registrado; una tumba, un cuerpo completo envuelto en un sudario, algo que brillaba en la luz – pensé que tenía que ser oro – pero el objeto que más me extrañó de todo fue una gran Cruz de madera inclinada contra la pared. No se puede imaginar mi emoción al ver la tumba, había sido en el lugar adecuado después de todo, al final realmente las pistas dejadas en la iglesia por Saunière eran correctas y aunque la suerte había desempeñado un papel importante, siguiendo las pistas, había encontrado una tumba oculta en el paisaje de los alrededores de Rennes-le-Château.”