sábado, 12 de febrero de 2011

BEATIFICACION Y CANONIZACION A JUAN PABLO II

Juan Pablo II fue el Papa 264° (263° Sucesor de Pedro).



Karol Józef Wojtyła, conocido como Juan Pablo II desde su elección al papado en octubre de 1978, nació en Wadowice, una pequeña ciudad a 50 kms. de Cracovia, el 18 de mayo de 1920.

Era el más pequeño de los tres hijos de Karol Wojtyła y Emilia Kaczorowska. Su madre falleció en 1929. Su hermano mayor Edmund (médico) murió en 1932 y su padre (suboficial del ejército) en 1941. Su hermana Olga murió antes de que naciera él.

Fue bautizado por el sacerdote Franciszek Zak el 20 de junio de 1920 en la Iglesia parroquial de Wadowice; a los 9 años hizo la Primera Comunión, y a los 18 recibió la Confirmación. Terminados los estudios de enseñanza media en la escuela Marcin Wadowita de Wadowice, se matriculó en 1938 en la Universidad Jagellónica de Cracovia y en una escuela de teatro.

Cuando las fuerzas de ocupación nazi cerraron la Universidad, en 1939, el joven Karol tuvo que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química (Solvay), para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania.

A partir de 1942, al sentir la vocación al sacerdocio, siguió las clases de formación del seminario clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo de Cracovia, Cardenal Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del "Teatro Rapsódico", también clandestino.

Tras la segunda guerra mundial, continuó sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, nuevamente abierto, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal en Cracovia el 1 de noviembre de 1946 de manos del Arzobispo Sapieha.Seguidamente fue enviado a Roma, donde, bajo la dirección del dominico francés Garrigou-Lagrange, se doctoró en 1948 en teología, con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de San Juan de la Cruz (Doctrina de fide apud Sanctum Ioannem a Cruce). En aquel período aprovechó sus vacaciones para ejercer el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda.



En 1948 volvió a Polonia, y fue vicario en diversas parroquias de Cracovia y capellán de los universitarios hasta 1951, cuando reanudó sus estudios filosóficos y teológicos. En 1953 presentó en la Universidad Católica de Lublin una tesis titulada "Valoración de la posibilidad de fundar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler". Después pasó a ser profesor de Teología Moral y Etica Social en el seminario mayor de Cracovia y en la facultad de Teología de Lublin.

El 4 de julio de 1958 fue nombrado por Pío XII Obispo titular de Olmi y Auxiliar de Cracovia. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral del Wawel (Cracovia), de manos del Arzobispo Eugeniusz Baziak.

El 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por Pablo VI, quien le hizo cardenal el 26 de junio de 1967, con el título de San Cesareo en Palatio, Diaconía elevada pro illa vice a título presbiteral.

Además de participar en el Concilio Vaticano II (1962-1965), con una contribución importante en la elaboración de la constitución Gaudium et spes, el Cardenal Wojtyła tomó parte en las cinco asambleas del Sínodo de los Obispos anteriores a su pontificado.

Los cardenales reunidos en Cónclave le eligieron Papa el 16 de octubre de 1978. Tomó el nombre de Juan Pablo II y el 22 de octubre comenzó solemnemente su ministerio petrino como 263 sucesor del Apóstol Pedro. Su pontificado ha sido uno de los más largos de la historia de la Iglesia y ha durado casi 27 años.

Juan Pablo II ejerció su ministerio petrino con incansable espíritu misionero, dedicando todas sus energías, movido por la "sollicitudo omnium Ecclesiarum" y por la caridad abierta a toda la humanidad. Realizó 104 viajes apostólicos fuera de Italia, y 146 por el interior de este país. Además, como Obispo de Roma, visitó 317 de las 333 parroquias romanas.

Entre sus documentos principales se incluyen: 14 Encíclicas, 15 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 45 Cartas apostólicas.Publicó también cinco libros como doctor privado: "Cruzando el umbral de la esperanza" (octubre de 1994);"Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal" (noviembre de 1996); "Tríptico romano - Meditaciones", libro de poesías (marzo de 2003); “¡Levantaos! ¡Vamos!” (mayo de 2004) y “Memoria e identidad” (febrero de 2005).

Realizó numerosas canonizaciones y beatificaciones para mostrar innumerables ejemplos de santidad de hoy, que sirvieran de estímulo a los hombres de nuestro tiempo: celebró 147 ceremonias de beatificación -en las que proclamó 1338 beatos- y 51 canonizaciones, con un total de 482 santos. Proclamó a santa Teresa del Niño Jesús Doctora de la Iglesia. Amplió notablemente el Colegio cardenalicio, creando 231 cardenales (más uno "in pectore", cuyo nombre no se hizo público antes de su muerte) en 9 consistorios. Además, convocó 6 reuniones plenarias del colegio cardenalicio.



Presidió 15 Asambleas del Sínodo de los obispos: 6 generales ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990, 1994 y 2001), 1 general extraordinaria (1985) y 8 especiales (1980, 1991, 1994, 1995, 1997, 1998 (2) y 1999).

Más que todos sus predecesores se encontró con el pueblo de Dios y con los responsables de las naciones: más de 17.600.000 peregrinos participaron en las 1166 Audiencias Generales que se celebran los miércoles. Ese numero no incluye las otras audiencias especiales y las ceremonias religiosas [más de 8 millones de peregrinos durante el Gran Jubileo del año 2000] y los millones de fieles que el Papa encontró durante las visitas pastorales efectuadas en Italia y en el resto del mundo. Hay que recordar también las numerosas personalidades de gobierno con las que se entrevistó durante las 38 visitas oficiales y las 738 audiencias o encuentros con jefes de Estado y 246 audiencias y encuentros con Primeros Ministros.

Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005, a las 21.37, mientras concluía el sábado, y ya habíamos entrado en la octava de Pascua y domingo de la Misericordia Divina. Desde aquella noche hasta el 8 de abril, día en que se celebraron las exequias del difunto pontífice, más de tres millones de peregrinos rindieron homenaje a Juan Pablo II, haciendo incluso 24 horas de cola para poder acceder a la basílica de San Pedro.

Viajes en Italia

Número de viajes 146
Número de ciudades visitadas (sin repeticiones) 259
Número de presencias fuera de Roma y Castelgandolfo 307
Número de discursos programados 906
Duración total 278 gg. 22h 35'
Total de kilómetros recorridos 84.998
Distancia ortodrómica norte-sur de Italia en Km (sin Islas Pelagias) 1.185
Relación entre el total de kilómetros recorridos y la distancia ortodrómica norte-sur de Italia 71.72

Viajes internacionales

Viajes internacionales de Juan Pablo II 104
Número de presencias en otros países 205
Número de naciones diferentes visitadas (sin repeticiones) 129
Número de visitas realizadas en diversas localidades 715
Numero de localidades visitadas 617
Discursos pronunciados en los viajes internacionales 2.382
Duración total de los viajes internacionales 543 gg. 00h
Total de kilómetros recorridos en los viajes internacionales 1.162.615
Duración en días del Pontificado de Juan Pablo II 9.666
Longitud en kilómetros de la circunferencia de la Tierra 40.000
Distancia media entre la Tiera y la Luna en kilómetros 384.440
Porcentaje del Pontificado transcurrido fuera de Italia 5.62%
Relación con la longitud de la circunferencia terrestre 29,06
Relación con la distancia Tierra-Luna 3.02

El Sufrimiento

13 de mayo de 1981



Atentado contra la vida del Papa por mano de Alì Agca, antes de la Audiencia General en la Plaza de San Pedro; gravemente herido, Juan Pablo II se recupera en el Policlínico Gemelli de la Universidad Católica.

13 de mayo – 3 de junio de 1981

Hospitalización del Papa en el Policlínico Gemelli; 17 de mayo: Recitación del Angelus desde el Policlínico Gemelli: “Rezo por el hermano que me ha disparado, a quien sinceramente he perdonado".

20 de junio – 14 de agosto 1981

Nueva hospitalización por una infección de cytome-galovirus; 5 de agosto: segunda intervención quirúrgica.

12 de junio de 1992

Durante el “Angelus” Juan Pablo II anuncia a los fieles su hospitalización en el Policlínico Gemelli.

15-26 de junio de 1992

Hospitalización y extracción de un tumor intestinal benigno.

2 de junio de 1993

Hospitalización durante 3 horas en el Gemelli para una TAC.



11 de noviembre de 1993

Ricovero per un giorno al Policlinico Gemelli per la riduzione di una lussazione della spalla destra.

28 aprile - 27 maggio 2004

Hospitalización por un sólo día en el Policlínico Gemelli para la reducción de una luxación del hombre derecho.

14 de agosto de 1996

Hospitalización de pocas horas en el Hospital Regina Apostolorum de Albano, para la realización de algunos análisis.

6-15 de octubre de 1996

Hospitalización en el Policínico Gemelli para ser intervenido de apendicetomía.

2-10 de febrero de 2005

Ricovero al Policlinico Gemelli per una laringotracheite acuta.

24 de febrero - 13 de marzo de 2005

Hospitalización en el Gemelli por recaída de gripe padecida a principios de febrero. Práctica de una traqueotomia con inserción de una cánula para ayudarlo a respirar. El 13 de Marzo, permiso médico para volver al Vaticano donde continúa la convalescencia

Denuncia de Muerte de Su Santidad Juan Pablo

Ciudad del Vaticano, 2 de abril de 2005

Hora 21:37.

Certifico que Su Santidad Juan Pablo II (Karol Wojtyla) nacido en Wadowice (Krakovia, Polonia) el 18 de mayo de 1920, residente en la Ciudad de Vaticano, Ciudadano Vaticano, y fallecido a las 21.37 horas del día 2 de abril del 2005 en su departamento en el Palacio Apostólico Vaticano (Ciudad del Vaticano) a causa de un shock séptico y un colapso cardiocirculatorio irreversible, afectado por enfermedad de Parkinson, progresivos episodios de insuficiencia respiratoria aguda y consecuente traqueotomía, hipertrofiación prostática benigna complicada por urosepsis y cardiopatía hipertensiva e isquémica. La constatación de la muerte se efectuó mediante registro electrocardiotanatográfico a lo largo de más de 20 minutos. Declaro que las causas de la muerte, según mi ciencia y mi conciencia, son las indicadas



El jefe de la Dirección de Sanidad e Higiene del Estado de la Ciudad del Vaticano. Dr. Renato Buzzonetti

Traslado de los restos mortales

Città del Vaticano, Ciudad del Vaticano,
lunes, 4 de abril de 2008

Traslado de los restos mortales del Romano Pontífice Juan Pablo II a la Basílica Vaticana.

Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. Notificación.

El lunes 4 de abril de 2005 a las 17 horas, los restos mortales de Juan Pablo II serán trasladados desde la Sala Clementina a la Basílica Vaticana. Tras el momento de oración, coordinado por el Cardenal Camerlengo, tendrá lugar el traslado de los restos. La procesión recorrerá la Scala Nobile, la Prima Loggia, la Sala Ducale, la Sala Regia, la Scala Regia. Saldrá a la Plaza de San Pedro por el Portón de Bronce y entrará en la basílica a través de la puerta central. En la Basílica Vaticana el Cardenal Camerlengo presidirá la Liturgia de la Palabra, y una vez terminada podrán comenzar la visita a los restos del Romano Pontífice. Sus Eminencias los Cardenales deberán reunirse en la Sala Clementina (Seconda Loggia) a las 16.45, en hábito coral. Sus Eminencias Arzobispos y Obispos, los miembros del Capitolio Vaticano, prelados y capellanes deberán encontrarse en la Prima Loggia a las 16.30 con el hápito coral propio. Los sacerdotes, con sotana y sobrepelliz, se reunirán a las 16.30 horas en la Sala Ducale y la Sala Regia. Por mandato del Colegio Cardinalicio † PIERO MARINI Arzobispo Tit. de Martirano Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias

Notificación de Misa de Exequias

Ciudad del Vaticano,
lunes, 4 de abril de 2005

Misa de Exequias del difunto Pontífice romano.

Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. Notificación.

Viernes 8 de abril de 2005, a las 10 horas sobre el sagrado de la Patriarcal Basílica Vaticana será celebrada la Santa Misa de exequias por Juan Pablo II. La Iglesia se une en torno a los restos mortales de aquel que ha sido por muchos años su Pastor, a fin de que, rescatado de la muerte, sea acogido en la Paz de Dios y su cuerpo resucitado en el último día con todos los santos. La liturgia de exequias será celebrada por los Cardenales y por los Patriarcas de las Iglesias Orientales. Presidirá la concelebración el Señor Cardenal Joseph Ratzinger, Decano del Colegio Cardenalicio. Al término de la celebración eucarística tendrá lugar la Ultima Commendatio y la Valedictio. El féretro del Romano Pontífice será llevado a la Basílica Vaticana y seguidamente a las Grutas Vaticanas para la sepultura. Los Eminentísimos Cardenales que tomarán parte en la solemne concelebración deberán encontrarse a las 9.30 horas en la capilla de San Sebastián para vestirse con los hábitos sagrados llevando consigo la mitra blanca damascada. Todos aquellos que, en conformidad al Motu Proprio Pontificalis Domus, componen la Capilla Pontificia y deben participar en la celebración litúrgica, deberán atenerse a las siguientes indicaciones: 1.Los Patriarcas, los Arzobispos y los Obispos sobre la sotana propia se colocarán el roquete de puntilla y la muceta. 2. Los Arzobispos y los Obispos de las Iglesias Orientales: el propio hábito coral. 3. Los Abades y los Religiosos: el propio hábito coral. 4. Los Prelados: el roquete y la manteleta o sobrepelliz, sobre la sotana morada con fajín morado, según el propio grado. 5. Los Capellanes de Su Santidad: el roquete o sobrepelliz sobre la sotana con fajín morado. 6. Los Párrocos de Roma: el roquete o sobrepelliz y la estola roja. Por mandato del Colegio Cardenalicio † PIERO MARINI Arzobispo Tit. de Martirano Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias

Misa Exequial

Plaza de San Pedro,
lunes, 8 de abril de 2005

Homilía del Emo. Cardenal Josepf Ratzinger.

Misa de Exequias del difunto Pontífice romano JUAN PABLO II

“Sígueme” dice el Señor resucitado a Pedro, como su última palabra al discípulo, elegido para apacentar a sus ovejas. «Sígueme» - esta palabra lapidaria de Cristo puede considerarse la llave para comprender el mensaje que viene de la vida de nuestro llorado y amado Papa Juan Pablo II, cuyos restos mortales depositamos hoy en la tierra como semilla de inmortalidad - con el corazón lleno de tristeza pero también de gozosa esperanza y de profunda gratitud. Estos son los sentimientos que nos inspiran, Hermanos y Hermanas en Cristo, presentes en la Plaza de San Pedro, en las calles adyacentes y en otros lugares diversos de la ciudad de Roma, poblada en estos días de una inmensa multitud silenciosa y orante. Saludo a todos cordialmente.También en nombre del colegio de cardenales saludo con deferencia a los jefes de Estado, de gobierno y a las delegaciones de los diversos países. Saludo a las autoridades y a los representantes de las Iglesias y comunidades cristianas, al igual que a los de las diversas religiones.

Saludo a los arzobispos, a los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles, llegados de todos los continentes; de forma especial a los jóvenes que Juan Pablo II amaba definir el futuro y la esperanza de la Iglesia. Mi saludo llega también a todos los que en cualquier lugar del mundo están unidos a nosotros a través de la radio y la televisión, en esta participación coral al rito solemne de despedida del amado pontífice".

«Sígueme». Cuando era un joven estudiante, Karol Wojtyla era un entusiasta de la literatura, del teatro, de la poesía. Trabajando en una fábrica química, rodeado y amenazado por el terror nazi, escuchó la voz del Señor: ¡Sígueme! En este contexto tan particular comenzó a leer libros de filosofía y de teología, entró después en el seminario clandestino creado por el cardenal Sapieha y después de la guerra pudo completar sus estudios en la facultad teológica de la Universidad Jagellónica de Cracovia.

Tantas veces en sus cartas a los sacerdotes y en sus libros autobiográficos nos habló de su sacerdocio, al que fue ordenado el 1 de noviembre de 1946. En esos textos interpreta su sacerdocio, en particular a partir de tres palabras del Señor. En primer lugar esta: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca». La segunda palabra es: «El buen pastor da la vida por sus ovejas». Y finalmente: «Como el Padre me amó, así os he amado yo. Permaneced en mi amor». En estas palabras vemos el alma entera de nuestro Santo Padre. Realmente ha ido a todos los lugares, incansablemente, para llevar fruto, un fruto que permanece. «Levantaos, vamos», es el título de su penúltimo libro. «Levantaos, vamos». Con esas palabras nos ha despertado de una fe cansada, del sueño de los discípulos de ayer y hoy. «Levantaos, vamos», nos dice hoy también a nosotros.

El Santo Padre fue además sacerdote hasta el final porque ofreció su vida a Dios por sus ovejas y por la entera familia humana, en una entrega cotidiana al servicio de la Iglesia y sobre todo en las duras pruebas de los últimos meses. Así se ha convertido en una sola cosa con Cristo, el buen pastor que ama sus ovejas. Y, en fin, «permaneced en mi amor»: el Papa, que buscó el encuentro con todos, que tuvo una capacidad de perdón y de apertura de corazón para todos, nos dice hoy también con estas palabras del Señor: «Habitando en el amor de Cristo aprendemos, en la escuela de Cristo, el arte del amor verdadero».

«Sígueme». En julio de 1958 comienza para el joven sacerdote Karol Wojtyla una nueva etapa en el camino con el Señor y tras el Señor. Karol fue, como era habitual, con un grupo de jóvenes apasionados de canoa a los lagos Masuri para pasar unas vacaciones juntos. Pero llevaba consigo una carta que lo invitaba a presentarse al primado de Polonia, el cardenal Wyszynski y podía adivinar solamente el motivo del encuentro: su nombramiento como obispo auxiliar de Cracovia. Dejar la enseñanza universitaria, dejar esta comunión estimulante con los jóvenes, dejar el gran campo intelectual para conocer e interpretar el misterio de la criatura humana, para hacer presente en el mundo de hoy la interpretación cristiana de nuestro ser, todo aquello debía parecerle como un perderse a sí mismo, perder aquello en lo que se había convertido la identidad humana de ese joven sacerdote.

Sígueme, Karol Wojtyla aceptó, escuchando en la llamada de la Iglesia la voz de Cristo. Y así se dio cuenta de cuanto es verdadera la palabra del Señor: «Quien trate de conservar su vida la perderá; y quien la pierda la salvará». Nuestro Papa —todos lo sabemos— no quiso nunca salvar su propia vida, tenerla para sí; quiso entregarse sin reservas, hasta el último momento, por Cristo y por nosotros. De esa forma pudo experimentar cómo todo lo que había puesto en manos del Señor retornaba en un nuevo modo: el amor a la palabra, a la poesía, a las letras fue una parte esencial de su misión pastoral y dio frescura nueva, actualidad nueva, atracción nueva al anuncio del Evangelio, también precisamente cuando éste es signo de contradicción.

«Sígueme». En octubre de 1978 el cardenal Wojtyla escucha de nuevo la voz del Señor. Se renueva el diálogo con Pedro narrado en el Evangelio de esta ceremonia: «Simón de Juan, ¿me amas? Apacienta mis ovejas». A la pregunta del Señor: Karol, ¿me amas?, el arzobispo de Cracovia respondió desde lo profundo de su corazón: «Señor, tú lo sabes todo: Tú sabes que te amo». El amor de Cristo fue la fuerza dominante en nuestro amado Santo Padre; quien lo ha visto rezar, quien lo ha oído predicar, lo sabe. Y así, gracias a su profundo enraizamiento en Cristo pudo llevar un peso, que va más allá de las fuerzas puramente humanas: Ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia universal.

Este no es el momento de hablar de los diferentes aspectos de un pontificado tan rico. Quisiera leer solamente dos pasajes de la liturgia de hoy, en los que aparecen elementos centrales de su anuncio. En la primera lectura dice San Pedro —y dice el Papa con San Pedro—: «En realidad me doy cuenta de que Dios no hace acepción de personas, al contrario, todo el que teme a dios y obra la justicia le es agradable, venga del pueblo que venga. Ha enviado su palabra a los hijos de Israel, anunciando el Evangelio de la paz por medio de Jesucristo, que es Señor de todos». Y en la segunda lectura, San Pablo —y con San Pablo nuestro Papa difunto— nos exhorta en voz alta: «Por tanto, hermanos muy queridos y añorados, mi gozo y mi corona, permaneced así como habéis aprendido, queridísimos míos, firmes en el Señor» (Fil 4, 1).

«Sígueme». Junto al mandato de apacentar su rebaño, Cristo anunció a Pedro su martirio. Con esta palabra conclusiva y que resume el diálogo sobre el amor y sobre el mandato de pastor universal, el Señor recuerda otro diálogo, que tuvo lugar en la Ultima Cena. En este ocasión, Jesús dijo: «Donde yo voy, vosotros no podéis venir». Pedro dijo: «Señor, ¿dónde vas?». Le respondió Jesús: «Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, me seguirás más tarde». Jesús va de la Cena a la Cruz y a la Resurrección y entra en el misterio pascual; Pedro, sin embargo, todavía no le puede seguir. Ahora —tras la Resurrección— llegó este momento, este "más tarde". Apacentando el rebaño de Cristo, Pedro entra en el misterio pascual, se dirige hacia la Cruz y la Resurrección.

El Señor lo dice con estas palabras, «...cuando eras más joven... ibas adonde querías; pero cuando envejezcas extenderás tus manos y otro te ceñirá y llevará adonde no quieras» (Jn 21, 18). En el primer período de su pontificado el Santo Padre, todavía joven y lleno de fuerza, bajo la guía de Cristo fue hasta los confines del mundo. Pero después compartió cada vez más los sufrimientos de Cristo, comprendió cada vez mejor la verdad de las palabras: «Otro te ceñirá...». Y precisamente en esta comunión con el Señor que sufre anunció el Evangelio infatigablemente y con renovada intensidad el misterio del amor hasta el fin. (cf Jn 13, 1). Ha interpretado para nosotros el misterio pascual como misterio de la divina misericordia. Escribe en su último libro: El límite impuesto al mal «es en definitiva la divina misericordia» ("Memoria e identità", pag. 70). Y reflexionando sobre el atentado dice: «Cristo, sufriendo por todos nosotros, ha conferido un nuevo sentido al sufrimiento; lo ha introducido en una nueva dimensión, en un nuevo orden: el del amor... Es el sufrimiento que quema y consume el mal con la llama del amor y obtiene también del pecado un multiforme florecimiento de bien» (pag. 199).

Animado por esta visión, el Papa ha sufrido y amado en comunión con Cristo, y por eso, el mensaje de su sufrimiento y de su silencio ha sido tan elocuente y fecundo. Divina Misericordia: El Santo Padre encontró el reflejo más puro de la misericordia de Dios en la Madre de Dios. El, que había perdido a su madre cuando era muy joven, amó todavía más a la Madre de Dios. Escuchó las palabras del Señor crucificado como si estuvieran dirigidas a él personalmente: « ¡Aquí tienes a tu madre!». E hizo como el discípulo predilecto: la acogió en lo íntimo de su ser (eis ta idia: Gv 19, 27) – Totus tuus). Y de la madre aprendió a conformarse con Cristo.

Ninguno de nosotros podrá olvidar como en el último domingo de Pascua de su vida, el Santo Padre, marcado por el sufrimiento, se asomó una vez más a la ventana del Palacio Apostólico y dio la bendición "Urbi et orbi" por última vez. Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, bendíganos, Santo Padre. Confiamos tu querida alma a la Madre de Dios, tu Madre, que te ha guiado cada día y te guiará ahora a la gloria eterna de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. Amén.

del Cardenal Joseph Ratzinger

Testamento Espiritual

Roma, 6.III.1979
Totus Tuus ego sum
En el Nombre de la Santísima Trinidad. Amén

"Velad porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor" (cf.Mt 24, 42), estas palabras me recuerdan la última llamada, que vendrá en el momento que quiera el Señor. Quiero seguirle y deseo que todo lo que forma parte de mi vida terrenal me prepare para este momento. No sé cuando llegará, pero como todo, también deposito este momento en las manos de la Madre de mi Maestro: Totus Tuus. En sus manos maternas lo dejo todo y a todos aquellos con quienes me ha ligado mi vida y mi vocación. En esas manos dejo sobre todo a la Iglesia y también a mi nación y a toda la humanidad. Doy las gracias a todos. A todos pido perdón. Pido también oraciones para que la misericordia de Dios se muestre más grande que mi debilidad y mi indignidad.

Durante los ejercicios espirituales he releído el testamento del Santo Padre Pablo VI. Su lectura me ha llevado a escribir el presente testamento. No dejo tras de mí propiedad alguna de la que sea necesario disponer. En cuanto a las cosas de uso cotidiano que me servían, pido que se distribuyan como se considere oportuno. Que se quemen mis apuntes personales. Pido que por esto vele Estanislao a quien doy las gracias tento tiempo de colaboración, ayuda y comprensión. Todos los demás agradecimientos, en cambio, los dejo en el corazón ante Dios mismo, porque es difícil expresarlos.

Por lo que se refiere al funeral, repito las mismas disposiciones que dio el Santo Padre Pablo VI (nota al margen: la sepultura en la tierra, no en un sarcófago, 13.3.92). Sobre el lugar que decida el Colegio Cardenalicio y los connacionales.

«apud Dominum misericordia et copiosa apud Eum redemptio»

Juan Pablo II

Roma, 5.III.1990
Después de la muerte pido Santas Misas y oraciones

24.II - 1.III.1980

Expreso mi más profunda confianza en que, a pesar de toda mi debilidad, el Señor me conceda toda la gracia necesaria para hacer frente según Su voluntad a cualquier tarea, prueba o sufrimiento que quiera pedir a su siervo en el curso de la vida. También tengo confianza en que no permitirá jamás que, mediante cualquier actitud mía: palabras, obras u omisiones, traicione mis obligaciones en esta santa Sede Petrina.

5.III.1982

También durante estos ejercicios espirituales he reflexionado sobre la verdad del Sacerdocio de Cristo en la perspectiva de aquel Tránsito que para cada uno de nosotros es el momento de la propia muerte. Del adiós a este mundo -para nacer a otro, al mundo futuro, signo elocuente (añadido encima: decisivo) es para nosotros la Resurrección de Cristo.

He leído por tanto la escritura de mi testamento del último año, efectuada también durante los ejercicios espirituales, la he comparado con el testamento de mi gran predecesor y padre Pablo VI, con ese testimonio sublime sobre la muerte de un cristiano y de un Papa y he renovado en mí la conciencia de las cuestiones a las que se refiere el registro del 6.III.1979 que yo había preparado (de forma bastante provisional). Hoy quiero añadirle solamente ésto, que cada uno debe tener presente la perspectiva de la muerte. Y debe estar preparado para presentarse frente al Señor y al Juez, contemporaneamente Redentor y al Padre. Así, yo también lo considero continuamente, confiando ese momento decisivo a la Madre de Cristo y de la Iglesia, a la Madre de mi esperanza.

Los tiempos que vivimos, son indeciblemente difíciles e inquietos. También el camino de la Iglesia se ha vuelto difícil y tenso, prueba característica de estos tiempos tanto para los fieles como para los pastores. En algunos países (como por ejemplo aquel en el que leí durante los ejercicios espirituales), la Iglesia se encuentra en un período de persecución tal que no es inferior al de los primeros siglos, al contrario, incluso los supera por el grado de crueldad y de odio. Sanguis martyrum — semen christianorum. Y más alla: muchas personas inocentes desaparecen también en este país en el que vivimos...

Deseo una vez más confiarme totalmente a la gracia del Señor. Él mismo decidirá cuando y cómo tengo que terminar mi vida terrenal y el ministerio pastoral. En la vida y en la muerte Totus Tuus mediante la Inmaculada. Aceptando ya esta muerte, espero que Cristo me conceda la gracia para el último pasaje, es decir la Pascua (mía). También espero que haga que sea útil para esta causa tan importante a la que intento servir: la salvación de la humanidad, la salvaguardia de la familia humana, y con ella de todas las naciones y todos los pueblos (entre ellos el corazón se dirije de forma particular a mi Patria terrena), útil para las personas que de modo particular me ha confiado, para la cuestión de la Iglesia, para la gloria de Dios.

No quiero añadir nada a lo que escribí hace un año, solamente manifestar esta prontitud y al mismo tiempo esta confianza, a las que los presentes ejercicios espirituales me han dispuesto nuevamente.

Juan Pablo pp. II

5.III.1982

En el curso de los ejercicios espirituales de este año he leído (varias veces) el texto del testamento del 6.III.1979. A pesar de que todavía lo considero provisional (no definitivo) lo dejo en la forma en que existe. No cambio (por ahora) nada, y tampoco lo agrego, por cuanto se refiere a las disposiciones que contiene.

El atentado a mi vida el 13.V.1981 confirmó de alguna forma la exactitud de las palabras escritas en el período de los ejercicios espirituales de 1980 (24.II- 1.III).

Cuanto más profundamente siento que me encuentro totalmente en las Manos de Dios - y permanezco continuamente a disposición de mi Señor, confiándome a Él en su Madre Inmaculada (Totus Tuus).

Juan Pablo pp. II

1.III.1985

En relación a la última frase de mi testamento del 6.III.79 (: "Sobre el lugar/ es decir el lugar del funeral/ decida el colegio cardenalicio y los compatriotas"), aclaro que tengo en mente: el metropolitano de Cracovia o el Consejo General del Episcopado de Polonia. Pido por tanto al Colegio Cardenalicio que satisfaga en la medida de lo posible las eventuales peticiones de los más arriba citados.

(en el curso de los ejercicios espirituales)

De nuevo - por cuanto respecta a la expresión "Colegio Cardenalicio y los Compatriotas"-: el "Colegio Cardenalicio" no tiene ninguna obligación de interpelar sobre este argumento a " los Compatriotas": sin embargo, puede hacerlo, si por alguna razón lo considerase justo.

Juan Pablo pp. II


Los ejercicios espirituales del año jubilar del 2000

A.D. 17.III.2000
(para el testamento)
1. Cuando el día 16 de febrero de 1978 el cónclave de los cardenales eligió a Juan Pablo II el Primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszynsk, me dijo «La tarea del nuevo Papa será introducir a la Iglesia en el Tercer Milenio». No sé si fue esa exactamente la frase, pero al menos éste era el sentido de lo que escuché en aquel momento. Lo dijo el hombre que ha pasado a la historia como Primado del Milenio. Un gran Primado. He sido testigo de su misión, de su total confianza. De sus luchas: de su victoria. "La victoria, cuando llegue, será una victoria a través de María". Estas palabras de su predecesor, el cardenal August Hlond, las solía repetir el primado del Milenio.

De este modo, me he preparado para la tarea que el día 16 de octubre de 1978 se presentó ante mí. En el momento en que escribo estas palabras, el Año Jubilar del 2000 ya es una realidad. La noche del 24 de diciembre de 1999 se abrió la simbólica Puerta del Gran Jubileo en la basílica de San Pedro, después la de San Juan de Letrán, la de Santa María Mayor, el primer día del año y el día 19 de enero la puerta de la Basílica de San Pablo Extramuros. Este último acto, dado su carácter ecuménico, se ha quedado grabado en mi memoria de modo particular.

2. A medida que pasa el Año Jubilar del 2000, un día tras otro, se cierra detrás de nosotros el siglo XX y se abre el siglo XXI. Según los designios de la Providencia se me ha concedido vivir en el difícil siglo que empieza a pertenecer al pasado y ahora, en el año en que la edad de mi vida alcanza los 80 años («octogesima adveniens»), es necesario preguntarse si no es tiempo de repetir con el bíblico Simeón 'Nunc dimittis' .

El día 13 de mayo de 1981, el día del atentado al Papa durante la audiencia general en la Plaza de San Pedro, la Divina Providencia me salvó milagrosamente de la muerte. Aquel que es único Señor de la vida y de la muerte, Él mismo me ha prolongado esta vida, en un cierto modo me la ha vuelto a dar. Desde aquel momento pertenece aún más a Él. Espero que Él me ayude a reconocer hasta cuándo debo continuar este servicio, al que me llamó el día 16 de octubre de 1978. Le pido que me llame cuando quiera. “Pues si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor” (cfr Rm14, 8). Espero que hasta que pueda realizar el servicio petrino en la Iglesia, la Misericordia de Dios me preste las fuerzas necesarias para ello.

3. Como todos los años, durante los ejercicios espirituales he leído mi testamento del 6.III.1979. Sigo manteniendo las disposiciones contenidas en él. Lo que entonces y durante los sucesivos ejercicios espirituales se ha añadido es un reflejo de la difícil y tensa situación general, que ha marcado los años ochenta. Desde el otoño del año 1989 esta situación ha cambiado. El último decenio del siglo pasado ha estado libre de las tensiones anteriores; esto no significa que no hayan surgido nuevos problemas y dificultades. De modo particular, sea alabada la Divina Providencia por ello , el período de la llamada 'guerra fría' terminó sin el violento conflicto nuclear , que pesaba sobre el mundo en el período precedente.

4. Encontrándome en el umbral del tercer milenio «in medio Ecclesiae», deseo expresar una vez gratitud al Espíritu Santo por el gran don del Concilio Vaticano II , del que junto a la Iglesia entera y sobre todo con todo el episcopado - me siento deudor. Estoy convencido de que las nuevas generaciones podrán alcanzar todavía durante mucho tiempo las riquezas que este Concilio del siglo XX nos ha proporcionado. Como obispo que ha participado en el evento conciliar desde el primer al último día, deseo confiar este gran patrimonio a todos aquellos que son y serán llamados a ponerlo en práctica en el futuro. Por mi parte, doy las gracias al Pastor eterno que me ha permitido servir a esta grandísima causa en el curso de todos los años de mi pontificado.

«In medio Ecclesiae»... desde los primeros años de servicio episcopal - precisamente gracias al Concilio - he podido experimentar la comunión fraterna del episcopado.. Como sacerdote de la Archidiócesis de Cracovia ya conocía la comunión fraternal el presbiterio - el Concilio abrió una nueva dimensión de esta experiencia".

5. ¡Cuántas personas tendría que nombrar aquí! Probablemente el Señor Dios habrá llamado a Sí la mayoría de ellos, por lo que se refiere a los que todavía se encuentran en esta parte, que las palabras de este testamento les recuerden, a todos y en todas partes, allí donde se encuentren.

En el curso de más de veinte años desde cuando presto el servicio Petrino «in medio Ecclesiae» he experimentado la benévola y muy fecunda colaboración de tantos cardenales, arzobispos y obispos, de tantos sacerdotes y personas consagradas - hermanos y hermanas -, en fin, de tantísimas personas laicas, en el ambiente curial, en el Vicariato de la diócesis de Roma, y también fuera de estos ambientes.

¡Cómo no abrazar con grata memoria a todos los episcopados del mundo, con los cuales me he encontrado a lo largo de las visitas «ad limina Apostolorum»! ¡Cómo no recordar también a tantos hermanos cristianos no católicos! ¡Y al rabino de Roma y a tantos numerosos representantes de las religiones no cristianas! ¡Y cuántos representantes del mundo de la cultura, de la ciencia, de la política, de los medios de comunicación social!

6. A medida que se avecina el límite de mi vida terrenal vuelvo con la memoria al principio, a mis padres, al hermano y la hermana ( que no conocí porque murió antes de que yo naciese), a la parroquia de Wadowice donde fui bautizado, a esa ciudad de mi juventud, a mis coetáneos, compañeras y compañeros de la escuela primaria, del bachillerato, de la universidad, hasta los tiempos de la ocupación, cuando trabajé como obrero y después en la parroquia de Niegowic, en la cracoviana de San Floriano, en la pastoral de los universitarios, en aquel ambiente .... en todos los ambientes... en Cracovia y en Roma... en las personas que de forma especial me ha confiado el Señor.

Quiero decir a todos sólo una cosa: "Que Dios os recompense"

«In manus Tuas, Domine, commendo spiritum meum»

Escudo del Pontificado

El escudo del Papa Juan Pablo II pretende ser un homenaje al misterio central del cristianismo: el de la Redención.

Representa principalmente una cruz, cuya forma, sin embargo, no corresponde a ninguno de los habituales modelos heráldicos en la materia. La razón del inusual desplazamiento de la parte vertical de la cruz aparece enseguida si se considera el segundo objeto insertado en el escudo: la grande y majestuosa M mayúscula, que recuerda la presencia de la Virgen bajo la Cruz y su excepcional participación en la Redención.

La intensa devoción del Pontífice a la Santísima Virgen se manifiesta de esta manera, como se expresaba también en el lema del entonces Cardinal Wojtyla: Totus tuus.

No se puede olvidar que justamente en el territorio de la Provincia eclesiástica de Cracovia se encuentra el celebérrimo santuario mariano de Czestochowa, donde el pueblo polaco nutre, desde hace siglos, su filial devoción hacia la Virgen.

Los Pontificados más largos de la historia

El Pontificado de Juan Pablo II, de 26 años, 5 meses y 17 días, ocupa el tercer puesto entre los Pontificados más largos de la historia. Sin contar con el caso de San Pedro, cuyo servicio apostólico, salvo problemas de datación, podría estar en el primer puesto, los Pontificados más largos han sido los siguientes:

San Pedro
30 d.C. - 64/67 d.C.
34/37 años
Papa Pío IX
1846 - 1878
31 años, 7 meses, 23 días
Papa Juan Pablo II
1978 - 2005
26 años, 5 meses, 17 días
Papa León XIII
1878 - 1903
25 años, 4 meses, 29 días
Papa Pío VI
1775 - 1799
24 años, 4 meses, 14 días
Papa Adriano I
772 d.C. - 795 d.C.
23 años, 10 meses, 25 días
Papa Pío VII
1800 - 1823
23 años, 5 meses, 6 días
Papa Alejandro III
1159 - 1181
21 años, 11 meses, 2 días
Papa Silvestre I
314 d.C. - 335 d.C.
21 años, 11 meses
Papa León I
440 - 461
21 años

Fonte: Radio Vaticana

Las Constituciones Apostólicas

Las Encíclicas

Las Exhortaciones Apostólicas

  • 1981 11 22 - Familiaris Consortio
  • 1984 03 25 - Redemptoria Donum
  • 1984 12 02 - Reconciliatio et Paenitentia
  • 1998 12 30 - Christifideles Laici
  • 1989 08 15 - Redemptoris Custos
  • 1992 03 25 - Pastores Dabo Vobis
  • 1992 09 14 - Ecclesia en África
  • 1996 03 25 - Vida Consagrada
  • 1997 05 10 - Una speranza nuova per il Libano
  • 1999 01 22 - Ecclesia en América
  • 1999 11 06 - Ecclesia en Asia
  • 2001 11 22 - Ecclesia en Oceania
  • 2003 06 28 - Ecclesia en Europa
  • 2003 10 16 - Pastores Gregis

Las Cartas

  • Carta a los sacerdotes con motivo del Jueves Santo [2005, 2004, 2003, (Encíclica Ecclesia de Eucharistia), 2002, 2001, 2000, 1999, 1998, 1997, 1996, 1995, 1994, 1993, 1992, 1991, 1990, 1989, 1988, 1987, 1986, 1985, 1984, 1983, 1982, 1979]
  • Carta a los Ancianos (1 de octubre de 1999)
  • Carta a los Artistas (4 de abril de 1999)
  • Carta a las Mujeres (29 de junio de 1995)
  • Carta a los Niños (13 de diciembre de 1994)
  • Carta a las Familias (2 de febrero de 1994)
  • Carta a todas las personas consagradas de las comunidades religiosas y de los institutos seculares en ocasión del Año Mariano (22 de mayo de 1988)
  • Carta al Prepósito general de la Compañía de Jesús (Paray le Monial, 5 de octubre de 1986)
  • Dominicae Cenae (24 de febrero de 1980)

Discursos

Discursos al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede
[10 de enero de 2005, 12 de enero de 2004, 13 de enero de 2003, 10 de enero de 2002, 13 de enero de 2001, 10 de enero de 2000, 11 de enero de 1999, 10 de enero de 1998, 13 de enero de 1997, 13 de enero de 1996, 9 de enero de 1995, 12 de enero de 1992, 12 de enero de 1985, 14 de enero de 1984, 15 de enero de 1983, 16 de enero de 1982, 12 de enero de 1981, 14 de enero de 1980, 12 de enero de 1979, 20 de octubre de 1978]

Discursos a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
[5 de diciembre de 2003, 10 de junio de 2002 (Mensaje a la Cumbre Mundial de la Alimentación de la FAO), 3 de noviembre de 2001, 18 noviembre de 1999, 8 de noviembre de 1997, 23 de noviembre de 1995, 11 de noviembre de 1993, 14 de noviembre de 1991, 16 de noviembre de 1989, 13 de noviembre de 1987, 10 de noviembre de 1985, 10 de noviembre de 1983, 13 de noviembre de 1981, 12 de noviembre de 1979]

Discursos a las Asambleas Plenarias del Consejo Pontificio de la Cultura
[1994, 1992, 1990, 1989, 1988, 1987, 1986, 1985, 1984, 1983]

Discursos al Tribunal de la Rota Romana (25)
[29 de enero de 2004, 30 de enero de 2003, 28 de enero de 2002, 1 de febrero de 2001, 21 de enero de 2000, 21 de enero de 1999, 17 de enero de 1998, 27 de enero de 1997, 22 de enero de 1996, 10 de febrero de 1995, 28 de enero de 1994, 29 de enero de 1993, 23 de enero de 1992, 28 de enero de 1991, 18 de enero de 1990, 26 de enero de 1989, 25 de enero de 1988, 5 de febrero de 1987, 30 de enero de 1986, 26 de enero de 1984, 26 de febrero de 1983, 28 de enero de 1982, 24 de enero de 1981, 4 de febrero de 1980, 17 de febrero de 1979

Mensajes Pontificios

Mensaje a los participantes en la Vigilia Pascual
26 de marzo de 2005

Mensajes a los participantes en el Via Crucis del Coliseo
25 de marzo de 2005

Mensaje a los participantes en la Santa “in Cena Domini”
24 de marzo de 2005

Mensaje a los participantes de la Santa Misa del Crisma
24 de marzo de 2005

Mensaje por los sesenta años de la liberación de los prisionerios del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau
27 de enero de 2005

Mensaje al Presidente del Consejo Pontificio “Cor unum” enviado a Indonesia y Sri Lanka para visitar a la población afectada por el Tsunami
22 de enero de 2005

Mensaje a los fieles brasileños por la Campaña de la Fraternidad 2005
3 de enero de 2005

Mensaje a los participantes en el Congreso Internacional sobre la Vida Consagrada
26 de noviembre de 2004

Mensaje a la I Conferencia de examen de la Convención sobre la prohibición de minas antipersona
22 de noviembre de 2004

Mensaje al Congreso Internacional sobre la Acción Católica
10 de agosto de 2004

Mensaje al Pueblo de Ecuador
23 de enero de 1985

Mensaje al Pueblo de Venezuela
19 de enero de 1985

Mensaje a los Prelados de América del Norte, América Central y Caribe
16 de enero de 1985

Mensaje escrito a los seminaristas de España
Valencia, 8 de noviembre de 1982

Mensaje a S.E. Señor Amadou Mahtar M'Bow, Director general de la UNESCO, con motivo de la Conferencia mundial sobre las políticas culturales
24 de julio de 1982

Mensaje a los participantes en la Asamblea mundial sobre los problemas del envejecimiento de la población
22 julio de 1982

Mensaje al Movimiento «Esperanza y vida» con motivo de su peregrinación internacional a Lourdes
17 de mayo de 1982

Mensaje a los Jefes de Estado de los países firmantes del Acta final de Helsinki
1 de septiembre de 1980

Mensaje al presidente de la Obra Pontificia de la Infancia Misionera con motivo del Año Internacional de la Infancia
10 de abril de 1979

Jubileo en las Cárceles - "Urbi et Orbi"
[Pascua 2005, Navidad 2004, Pascua 2004, Navidad 2003, Pascua 2003, Navidad 2002, Pascua 2002, Navidad 2001, Pascua 2001, 31 de diciembre de 2000, Navidad 2000, Pascua 2000, 1 de enero de 2000, Navidad 1999, Pascua1999, Navidad 1998, Pascua 1998, Navidad 1997, Pascua 1997, Navidad 1996, Navidad 1995, Navidad 1993, Navidad 1990, Navidad 1986 Navidad 1982, Pascua 1982, Navidad 1981, Pascua 1981, Navidad 1980, Pascua 1980, Navidad 1979, Pascua 1979, Navidad 1978]

Jornada Mundial de las Migraciones
[2005, 2004, 2003, 2002, 2001, 2000, 1999, 1998, 1996, 1997, 1995, 1979]

Jornadas Mundiales de la Vida Consagrada
[2005, 2004, 2003, 2002, 2001, 2000,1999, 1998, 1997]

Mensajes para la Cuaresma
[2005, 2004, 2003, 2002, 2001, 2000, 1999, 1998, 1997, 1996, 1995, 1994, 1993, 1992, 1991, 1990, 1989, 1988, 1987, 1986, 1985, 1984, 1983, 1982, 1981, 1980, 1979]

Jornadas Mundiales de las Comunicaciones Sociales
[2005, 2004, 2003, 2002, 2001, 2000, 1999, 1998, 1997, 1996, 1995,1994, 1993, 1992, 1991, 1990, 1989, 1988, 1987, 1986, 1985, 1984, 1983, 1982, 1981, 1980, 1979]

Mensajes por las Jornadas Mundiales de la Alimentación
[2004, 2003, 2002, 2001, 2000, 1999, 1998, 1997, 1995, 1994, 1993, 1992, 1991, 1990, 1989, 1988, 1987, 1986, 1983, 1982, 1981]

Jornadas Mundiales de la Paz
[2005, 2004, 2003, 2002, 2001, 2000, 1999, 1998, 1997, 1996, 1995, 1994, 1993, 1992, 1991, 1990, 1989, 1988, 1987, 1986, 1985, 1984, 1983, 1982, 1981, 1980, 1979]

Jornadas Mundiales del Enfermo
[2005, 2004, 2003, 2002, 2001, 2000, 1999, 1998, 1997, 1996, 1995, 1994, 1993]

Jornadas Mundiales de la Juventud
[2005, 2004, 2003, 2002, 2001, 2000, 1999, 1998, 1997, 1996, 1994-1995, 1993, 1992, 1991, 1990, 1989, 1988, 1987, 1985]

Jornadas Mundiales de las Misiones
[2005, 2004, 2003, 2002, 2001, 2000, 1999, 1998, 1997, 1996, 1995, 1994, 1993, 1992, 1991, 1990, 1989, 1988, 1987, 1986, 1985, 1984, 1983, 1982, 1981, 1980, 1979]

Jornadas Mundiales por las Vocaciones
[2005, 2004, 2003, 2002, 2001, 2000, 1999, 1998, 1997, 1996, 1995, 1994, 1993, 1992, 1991, 1990, 1989, 1988, 1987, 1986, 1985, 1984, 1983, 1982, 1981, 1980 , 1979]

Jornada Internacional de la Alfabetización
[1999, 1982, 1981, 1979]

Mensajes por la Jornadas Mundiales del Turismo
[27 de septiembre de 2004, 27 de septiembre de 2003, 27 de septiembre de 2002, 27 de septiembre de 2001, 27 de septiembre de 2000, 27 de septiembre de 1982

Motu Proprio

  • 2002 05 02 – Carta Apostólica en forma de Motu Proprio Misericordia Dei sobre algunos aspectos de la celebración del Sacramento de la Penitencia
  • 2002 01 10 - Sacramentorum sanctitatis tutela sobre las normas de los delitos más graves reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe
  • 2000 10 31 - Proclamación de Santo Tomás Moro como Patrono de los Gobernantes y los Políticos
  • 1999 10 01 – Proclamación de las Compatronas de Europa
  • 1999 01 28 - Inter Munera Academiarum
  • 1998 05 21 - Apostolos Suos
  • 1998 05 18 - Ad Tuendam Fidem
  • 1997 01 31 - Stella Maris
  • 1994 09 30 – Carta Apostólica 'Motu Proprio' con la que se promulga el Estatuto definitivo de la Oficina Central para Asuntos Laborales de la Sede Apostólica
  • 1994 02 11 - Vitae Mysterium
  • 1994 01 01 - Socialium Scientiarum
  • 1993 03 25 - Inde a Pontificatus
  • 1993 01 15 - Europae Orientalis
  • 1988 07 02 - Ecclesia Dei
  • 1988 06 18 - Decessores Nostri
  • 1987 12 26 - Sollicita Cura
  • 1987 11 21 - Quo Civium Iura
  • 1985 02 11 - Dolentium Hominum
  • 1984 01 02 - Recognito Iuris Canonici Codice
  • 1982 08 06 - Tredecim Anni
  • 1981 05 09 - Familia A Deo Instituta

Carta a los niños

Carta de Juan Pablo II
a los niños
en el año de la familia



¡Queridos niños!

Nace Jesús

Dentro de pocos días celebraremos la Navidad, fiesta vivida intensamente por todos los niños en cada familia. Este año lo será aún más porque es el Año de la Familia. Antes de que éste termine, deseo dirigirme a vosotros, niños del mundo entero, para compartir juntos la alegría de esta entrañable conmemoración.

La Navidad es la fiesta de un Niño , de un recién nacido. ¡Por esto es vuestra fiesta! Vosotros la esperáis con impaciencia y la preparáis con alegría, contando los días y casi las horas que faltan para la Nochebuena de Belén.

Parece que os estoy viendo: preparando en casa, en la parroquia, en cada rincón del mundo el nacimiento, reconstruyendo el clima y el ambiente en que nació el Salvador. ¡Es cierto! En el período navideño el establo con el pesebre ocupa un lugar central en la Iglesia. Y todos se apresuran a acercarse en peregrinación espiritual, como los pastores la noche del nacimiento de Jesús. Más tarde los Magos vendrán desde el lejano Oriente, siguiendo la estrella, hasta el lugar donde estaba el Redentor del universo.

También vosotros, en los días de Navidad, visitáis los nacimientos y os paráis a mirar al Niño puesto entre pajas. Os fijáis en su Madre y en san José, el custodio del Redentor. Contemplando la Sagrada Familia, pensáis en vuestra familia, en la que habéis venido al mundo. Pensáis en vuestra madre, que os dio a luz, y en vuestro padre. Ellos se preocupan de mantener la familia y de vuestra educación. En efecto, la misión de los padres no consiste sólo en tener hijos, sino también en educarlos desde su nacimiento.

Queridos niños, os escribo acordándome de cuando, hace muchos años, yo era un niño como vosotros. Entonces yo vivía también la atmósfera serena de la Navidad, y al ver brillar la estrella de Belén corría al nacimiento con mis amigos para recordar lo que sucedió en Palestina hace 2000 años. Los niños manifestábamos nuestra alegría ante todo con cantos. ¡Qué bellos y emotivos son los villancicos, que en la tradición de cada pueblo se cantan en torno al nacimiento! ¡Qué profundos sentimientos contienen y, sobre todo, cuánta alegría y ternura expresan hacia el divino Niño venido al mundo en la Nochebuena! También los días que siguen al nacimiento de Jesús son días de fiesta: así, ocho días más tarde , se recuerda que, según la tradición del Antiguo Testamento, se dio un nombre al Niño: llamándole Jesús.

Después de cuarenta días, se conmemora su presentación en el Templo, como sucedía con todos los hijos primogénitos de Israel. En aquella ocasión tuvo lugar un encuentro extraordinario: el viejo Simeón se acercó a María, que había ido al Templo con el Niño, lo tomó en brazos y pronunció estas palabras proféticas: « Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel » (Lc 2, 29-32). Después, dirigiéndose a María, su Madre, añadió: « Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones » (Lc 2, 34-35). Así pues, ya en los primeros días de la vida de Jesús resuena el anuncio de la Pasión, a la que un día se asociará también la Madre, María: el Viernes Santo ella estará en silencio junto a la Cruz del Hijo. Por otra parte, no pasarán muchos días después del nacimiento para que el pequeño Jesús se vea expuesto a un grave peligro: el cruel rey Herodes ordenará matar a los niños menores de dos años, y por esto se verá obligado a huir con sus padres a Egipto.

Seguro que vosotros conocéis muy bien estos acontecimientos relacionados con el nacimiento de Jesús. Os los cuentan vuestros padres, sacerdotes, profesores y catequistas, y cada año los revivís espiritualmente durante las fiestas de Navidad, junto con toda la Iglesia: por eso conocéis los aspectos trágicos de la infancia de Jesús.

¡Queridos amigos! En lo sucedido al Niño de Belén podéis reconocer la suerte de los niños de todo el mundo. Si es cierto que un niño representa la alegría no sólo de sus padres, sino también de la Iglesia y de toda la sociedad, es cierto igualmente que en nuestros días muchos niños, por desgracia, sufren o son amenazados en varias partes del mundo: padecen hambre y miseria, mueren a causa de las enfermedades y de la desnutrición, víctimas de la guerra, son abandonados por sus padres y condenados a vivir sin hogar, privados del calor de una familia propia, sufren muchas formas de violencia y de abuso por parte de los adultos. ¿Cómo es posible permanecer indiferente ante al sufrimiento de tantos niños, sobre todo cuando es causado de algún modo por los adultos?

Jesús da la Verdad

El Niño, que en Navidad contemplamos en el pesebre, con el paso del tiempo fue creciendo. A los doce años, como sabéis, subió por primera vez, junto con María y José, de Nazaret a Jerusalén con motivo de la fiesta de la Pascua. Allí, entre la multitud de peregrinos, se separó de sus padres y, con otros chicos, se puso a escuchar a los doctores del Templo, como en una « clase de catecismo ». En efecto, las fiestas eran ocasiones adecuadas para transmitir la fe a los muchachos de la edad, más o menos, de Jesús. Pero sucedió que, en esta reunión, el extraordinario Adolescente venido de Nazaret no sólo hizo preguntas muy inteligentes, sino que él mismo comenzó a dar respuestas profundas a quienes le estaban enseñando. Sus preguntas y sobre todo sus respuestas asombraron a los doctores del Templo. Era la misma sorpresa que, en lo sucesivo, suscitaría la predicación pública de Jesús: el episodio del Templo de Jerusalén no es otra cosa que el comienzo y casi el preanuncio de lo que sucedería algunos años más tarde.

Queridos chicos y chicas, coetáneos del Jesús de doce años, ¿no vienen a vuestra mente, en este momento, las clases de religión que se dan en la parroquia y en la escuela, clases a las que estáis invitados a participar? Quisiera, pues, haceros algunas preguntas: ¿cuál es vuestra actitud ante las clases de religión? ¿Os sentís comprometidos como Jesús en el Templo cuando tenía doce años? ¿Asistís a ellas con frecuencia en la escuela o en la parroquia? ¿Os ayudan en esto vuestros padres?

Jesús a los doce años quedó tan cautivado por aquella catequesis en el Templo de Jerusalén que, en cierto modo, se olvidó hasta de sus padres. María y José, regresando con otros peregrinos a Nazaret, se dieron cuenta muy pronto de su ausencia. La búsqueda fue larga. Volvieron sobre sus pasos y sólo al tercer día lograron encontrarlo en Jerusalén, en el Templo. « Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira tu padre y yo, angustiados, te estábamos buscando? » (Lc2, 48). ¡Qué misteriosa es la respuesta de Jesús y cómo hace pensar! «¿Por qué me buscábais? – dijo - ¿No sabíais que yo tenía que ocuparme de las cosas de mi Padre? » (Lc2, 49). Era una respuesta difícil de aceptar. El evangelista Lucas añade simplemente que María « conservaba cuidadosamente todas estas cosas en su corazón » (2, 51). En efecto, era una respuesta que se comprendería sólo más tarde, cuando Jesús, ya adulto, comenzó a predicar, afirmando que por su Padre celestial estaba dispuesto a afrontar todo sufrimiento e incluso la muerte en cruz.

Jesús volvió de Jerusalén a Nazaret con María y José, donde vivió sujeto a ellos (cf. Lc 2, 51). Sobre este período, antes de iniciar la predicación pública, el Evangelio señala sólo que Jesús « crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres » (Lc 2, 52).

Queridos chicos, en el Niño que contempláis en el nacimiento podéis ver ya al muchacho de doce años que dialoga con los doctores en el Templo de Jerusalén. Él es el mismo hombre adulto que más tarde, con treinta años, comenzará a anunciar la palabra de Dios, llamará a los doce Apóstoles, será seguido por multitudes sedientas de verdad. A cada paso confirmará su maravillosa enseñanza con signos de su potencia divina: devolverá la vista a los ciegos, curará a los enfermos e incluso resucitará a los muertos. Entre ellos estarán la joven hija de Jairo y el hijo de la viuda de Naim, devuelto vivo a su apenada madre.

Es justamente así: este Niño, ahora recién nacido, cuando sea grande, como Maestro de la Verdad divina, mostrará un afecto extraordinario por los niños. Dirá a los Apóstoles: « Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis », y añadirá: « Porque de los que son como éstos es el Reino de Dios » (Mc10, 14). Otra vez, estando los Apóstoles discutiendo sobre quién era el más grande, pondrá en medio de ellos a un niño y dirá: « Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los cielos » (Mt 18, 3). En aquella ocasión pronunciará también palabras severísimas de advertencia: « Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar » (Mt18, 6).

¡Qué importante es el niño para Jesús! Se podría afirmar desde luego que el Evangelio está profundamente impregnado de la verdad sobre el niño. Incluso podría ser leído en su conjunto como el « Evangelio del niño».

En efecto, ¿qué quiere decir: « Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los cielos »? ¿ Acaso no pone Jesús al niño como modelo incluso para los adultos? En el niño hay algo que nunca puede faltar a quien quiere entrar en el Reino de los cielos. Al cielo van los que son sencillos como los niños, los que como ellos están llenos de entrega confiada y son ricos de bondad y puros. Sólo éstos pueden encontrar en Dios un Padre y llegar a ser, a su vez, gracias a Jesús, hijos de Dios.

¿No es éste el mensaje principal de la Navidad? Leemos en san Juan: « Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros » (1, 14); y además: « A todos los que le recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios » (1, 12). ¡Hijos de Dios! Vosotros, queridos niños, sois hijos e hijas de vuestros padres. Ahora bien, Dios quiere que todos seamos hijos adoptivos suyos mediante la gracia. Aquí está la fuente verdadera de la alegría de la Navidad, de la que os escribo ya al término del Año de la Familia. Alegraos por este « Evangelio de la filiación divina ». Que, en este gozo, las próximas fiestas navideñas produzcan abundantes frutos, en el Año de la Familia.

Jesús se da a sí mismo

Queridos amigos, la Primera Comunión, es sin duda alguna un encuentro inolvidable con Jesús, un día que se recuerda siempre como uno de los más hermosos de la vida. La Eucaristía, instituida por Cristo la víspera de su pasión durante la Última Cena, es un sacramento de la Nueva Alianza, más aún, el más importante de los sacramentos. En ella el Señor se hace alimento de las almas bajo las especies del pan y del vino. Los niños la reciben solemnemente la primera vez -en la Primera Comunión- y se les invita a recibirla después cuantas más veces mejor para seguir en amistad íntima con Jesús.

Para acercarse a la Sagrada Comunión, como sabéis, se debe haber recibido el Bautismo: éste es el primer sacramento y el más necesario para la salvación. ¡Es un gran acontecimiento el Bautismo! En los primeros siglos de la Iglesia, cuando los que recibían el Bautismo eran sobre todo los adultos, el rito se concluía con la participación en la Eucaristía, y tenía la solemnidad que hoy acompaña a la Primera Comunión. Más adelante, al empezar a dar el Bautismo principalmente a los recién nacidos -es también el caso de muchos de vosotros, queridos niños, que por tanto no podéis recordar el día de vuestro Bautismo- la fiesta más solemne se trasladó al momento de la Primera Comunión. Cada chico y cada chica de familia católica conoce bien esta costumbre: la Primera Comunión se vive como una gran fiesta familiar. En este día se acercan generalmente a la Eucaristía, junto con el festejado, los padres, los hermanos y hermanas, los demás familiares, los padrinos y, a veces también, los profesores y educadores.

El día de la Primera Comunión es además una gran fiesta en la parroquia. Recuerdo como si fuese hoy mismo cuando, junto con mis compañeros, recibí por primera vez la Eucaristía en la Iglesia parroquial de mi pueblo. Es costumbre hacer fotos familiares de este acontecimiento para así no olvidarlo. Por lo general, las personas conservan estas fotografías durante toda su vida. Con el paso de los años, al hojearlas, se revive la atmósfera de aquellos momentos; se vuelve a la pureza y a la alegría experimentadas en el encuentro con Jesús, que se hizo por amor Redentor del hombre.

¡Cuántos niños en la historia de la Iglesia han encontrado en la Eucaristía una fuente de fuerza espiritual, a veces incluso heroica! ¿Cómo no recordar, por ejemplo, los niños y niñas santos, que vivieron en los primeros siglos y que aún hoy son conocidos y venerados en toda la Iglesia? Santa Inés, que vivió en Roma; santa Agueda, martirizada en Sicilia; san Tarsicio, un muchacho llamado con razón el mártir de la Eucaristía, porque prefirió morir antes que entregar a Jesús sacramentado, a quien llevaba consigo.

Y así, a lo largo de los siglos hasta nuestros días, no han faltado niños y muchachos entre los santos y beatos de la Iglesia. Al igual que Jesús muestra en el Evangelio una confianza particular en los niños, así María, la Madre de Jesús, ha dirigido siempre, en el curso de la historia, su atención maternal a los pequeños. Pensad en santa Bernardita de Lourdes, en los niños de La Salette y, ya en este siglo, en Lucía, Francisco y Jacinta de Fátima.

Os hablaba antes del « Evangelio del niño », ¿acaso no ha encontrado éste en nuestra época una expresión particular en la espiritualidad de santa Teresa del Niño Jesús? Es propiamente así: Jesús y su Madre eligen con frecuencia a los niños para confiarles tareas de gran importancia para la vida de la Iglesia y de la humanidad. He citado sólo a algunos universalmente conocidos, pero ¡cuántos otros hay menos célebres! Parece que el Redentor de la humanidad comparte con ellos la solicitud por los demás: por los padres, por los compañeros y compañeras. El siempre atiende su oración. ¡Qué enorme fuerza tiene la oración de un niño! Llega a ser un modelo para los mismos adultos: rezar con confianza sencilla y total quiere decir rezar como los niños saben hacerlo.

Llego ahora a un punto importante de esta Carta: al terminar el Año de la Familia, queridos amigos pequeños, deseo encomendar a vuestra oración los problemas de vuestra familia y de todas las familias del mundo. Y no sólo esto, tengo también otras intenciones que confiaros. El Papa espera mucho de vuestras oraciones. Debemos rezar juntos y mucho para que la humanidad, formada por varios miles de millones de seres humanos, sea cada vez más la familia de Dios, y pueda vivir en paz. He recordado al principio los terribles sufrimientos que tantos niños han padecido en este siglo, y los que continúan sufriendo muchos de ellos también en este momento. Cuántos mueren en estos días víctimas del odio que se extiende por varias partes de la tierra: por ejemplo en los Balcanes y en diversos países de Africa. Meditando precisamente sobre estos hechos, que llenan de dolor nuestros corazones, he decidido pediros a vosotros, queridos niños y muchachos, que os encarguéis de la oración por la paz. Lo sabéis bien: el amor y la concordia construyen la paz, el odio y la violencia la destruyen. Vosotros detestáis instintivamente el odio y tendéis hacia el amor: por esto el Papa está seguro de que no rechazaréis su petición, sino que os uniréis a su oración por la paz en el mundo con la misma fuerza con que rezáis por la paz y la concordia en vuestras familias.

¡Alabad el nombre del Señor!

Permitidme, queridos chicos y chicas, que al final de esta Carta recuerde unas palabras de un salmo que siempre me han emocionado: ¡Laudate pueri Dominum! ¡Alabad niños al Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. De la salida del sol hasta su ocaso, sea loado el nombre del Señor! (cf. Sal 112/113, 1-3). Mientras medito las palabras de este salmo, pasan delante de mi vista los rostros de los niños de todo el mundo: de oriente a occidente, de norte a sur. A vosotros, mis pequeños amigos, sin distinción de lengua, raza o nacionalidad, os digo: ¡Alabad el nombre del Señor!

Puesto que el hombre debe alabar a Dios ante todo con su vida, no olvidéis lo que Jesús dijo a su Madre y a José en el Templo de Jerusalén cuando tenía doce años: « ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? » (Lc 2, 49). El hombre alaba al Señor siguiendo la llamada de su propia vocación. Dios llama a cada hombre, y su voz se deja sentir ya en el alma del niño: llama a vivir en el matrimonio o a ser sacerdote; llama a la vida consagrada o tal vez al trabajo en las misiones... ¿Quién sabe? Rezad, queridos chicos y chicas, para descubrir cuál es vuestra vocación, para después seguirla generosamente.

¡Alabad el nombre del Seño! Los niños de todos los continentes, en la noche de Belén, miran con fe al Niño recién nacido y viven la gran alegría de la Navidad. Cantando en sus lenguas, alaban el nombre del Señor. De este modo se difunde por toda la tierra la sugestiva melodía de la Navidad. Son palabras tiernas y conmovedoras que resuenan en todas las lenguas humanas; es como un canto festivo que se eleva por toda la tierra y se une al de los Angeles, mensajeros de la gloria de Dios, sobre el portal de Belén: « Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes El se complace » (Lc 2, 14). El Hijo predilecto de Dios se presenta entre nosotros como un recién nacido; en torno a Él los niños de todas las Naciones de la tierra sienten sobre sí mismos la mirada amorosa del Padre celestial y se alegran porque Dios los ama. El hombre no puede vivir sin amor. Está llamado a amar a Dios y al prójimo, pero para amar verdaderamente debe tener la certeza de que Dios lo quiere.

¡Dios os ama, queridos muchachos! Quiero deciros esto al terminar el Año de la Familia y con ocasión de estas fiestas navideñas que son particularmente vuestras.

Os deseo unas fiestas gozosas y serenas; espero que en ellas viváis una experiencia más intensa del amor de vuestros padres, de los hermanos y hermanas, y de los demás miembros de vuestra familia. Que este amor se extienda después a toda vuestra comunidad, mejor aún, a todo el mundo, gracias a vosotros, queridos muchachos y niños. Así el amor llegará a quienes más lo necesitan, en especial a los que sufren y a los abandonados. ¿Qué alegría es mayor que el amor? ¿Qué alegría es más grande que la que tú, Jesús, pones en el corazón de los hombres, y particularmente de los niños, en Navidad?

¡Levanta tu mano, divino Niño,
y bendice a estos pequeños amigos tuyos,
bendice a los niños de toda la tierra!
Vaticano, 13 de diciembre de 1994.

Polonia y Devoción Mariana

Wadowice Cracovia Kalwaria Jasna Piekary


Wadowice

La localidad de Wadowice está comunicada con Cracovia por un tren especial - que se llama precisamente como nuestra revista – por el sendero de Juan Pablo II. En solo una hora de viaje se pueden llegar a conocer los lugares más amados por Karol Wojtyła: antes de llegar a la ciudad se puede visitar el santuario de Kalwaria Zebrzydowska, y en Cracovia la calle Tyniecka, la Universidad Jagellónica, la parroquia de San Florián, y el Palacio Arzobispal. Wadowice es un pequeño pueblo situado a las orillas del río Skawa, bajo la montaña Beskid, cubierta por el bosque. Las primeras notas aparecen en el siglo XVI. Siendo desde siempre un centro artesanal importante y de eventos culturales polacos, con su hermosísimo parque lleno de bancos para los ciudadanos, la localidad se dio a conocer tras el nacimiento, el 18 de mayo de 1920, de Karol Wojtyła.

La actual plaza central de la ciudad lleva el nombre de Juan Pablo II, y los bares que la rodean invitan a degustar el “kremowki”, el dulce preferido del Papa. En el corazón de la ciudad destaca la Basílica de Nuestra Señora, junto a la que encontramos la calle Koscielna. En esta calle, todas las mañanas desde muy temprano, frente al número 7, hacen fila los peregrinos. Pasando bajo el umbral de la casa de la familia Wojtyla se adentran en la historia de un hombre que, aun proviniendo de un país lejano, consiguió conquistar el corazón de todos. En este lugar, Dios comenzó a esculpir un gran hombre, a servicio del mundo y de la Iglesia universal, comenzó a esculpir un guía y un Pastor.



«Analizando el movimiento de los peregrinos – explica Sor Daniela Strzelecka, directora de la casa-museo de Juan Pablo II, custodiada por las hermanas nazaretanas – no existe un continente del que no hayamos hospedado a un representante. Hasta ahora hemos recibido personas de 101 nacionalidades, italianos y también polacos, que ocupan el primer puesto. La casa, desde su apertura en 1984, siempre ha tenido mucha popularidad. El número de visitantes crece cada año. El momento culminante fue el año de la muerte del Papa Wojtyla, cuando recibimos a medio millón de personas. Cada mes nos visitan setenta mil personas, cada día más de dos mil. Acuden cardenales, obispos, generales, laicos, excursiones escolares. Durante las vacaciones – añade la religiosa –familias enteras vienen a visitar la casa. El Papa Benedicto XVI, durante su visita a Wadowice, caminando sobre las huellas de su predecesor, dijo que para comprender la poesía hay que visitar el lugar en el que nació el poeta. Por eso la gente viene a Wadowice, para descubrir las raíces de Juan Pablo II, para observar el ambiente en el que creció».

En un principio, la casa de Wojtyla estaba compuesta por tres habitaciones, pero ante la necesidad de preparar el Museo se amplió a otras cinco. La balaustrada y las escaleras que conducen al primer piso son auténticas, el lugar donde correteaba el pequeño Lolek.

En la cocina se encuentran utensilios y muebles de la familia Wojtyla: la estufa de madera, el aparador, los platos. En la habitación de Karol se ha colocado la cuna para recordar su infancia. Desde la ventana se puede ver un reloj de sol con la escritura: “El tiempo pasa, la eternidad espera”, frase citada por los biógrafos.
En la biografía de Juan Pablo II se describe la historia de su encuentro con el obispo Sapieha con motivo de la administración del sacramento de la confirmación. En aquel momento, Karol, a los dieciocho años, saludando al obispo en nombre de sus compañeros con un discurso en perfecto latino, consiguió atraer la atención de todos. Junto a Karol se encontraba la representante más pequeña de la escuela femenina, Bárbara, de cuatro años, no mencionada en las biografías. «Soy hermana de Zofia Glanowska, compañera de Karol, hicimos juntos selectividad y participé en los encuentros de la clase en el Vaticano y en el Castillo Gandolfo». «Wojtyla – dice la señora Barbará, actualmente profesora jubilada de matemáticas – era un chico muy inteligente. De sacerdote a veces le “reprochábamos” que sus sermones fueran demasiado filosóficos, pero luego cuando fue elegido Papa sentíamos que sabía de verdad hablarle a la gente. Cada año la clase de Wojtyla se reunía con motivo del santo y del cumpleaños de Karol. Le escribían cartas y él respondía. Todavía recuerdo las palabras de Juan Pablo II a mi hermana – añade la profesora – justo después de su elección: “Dadle las gracias a Zofia Glanowska, por la fiesta y porque habéis brindado por mí”. Mi maestra era Helena Szczepanska, amiga de las familias Wojtyla y Kluger».

Kluger, amigo de Wojtyla cuenta - «Cuando los alemanes deportaban a los hebreos durante la guerra y vinieron a coger a mi madre, puso mi libro de oraciones en polaco en las manos de la señora Szczepanska. En el libro estaban mis apuntes. Después de casi veinte años, durante un sínodo de los obispos, Wojtyla vino a Roma y me trajo el libro. La profesora lo había conservado todo este tiempo. Y fue precisamente ella, después de la muerte de la señora Wojtyla, la que se ocupó de Karol, y la que lo paseaba en el cochecito».

Kluger aún se conmueve. Sus recuerdos son como un río caudaloso. Jerzy Kluger, ingeniero, participó en la batalla de Montecassino. Ahora es propietario de una empresa, y siempre permaneció en contacto estrecho con Juan Pablo II durante todo su pontificado. «Nos veíamos cuatro veces a la semana – dice sonriendo – y siempre recordábamos Wadowice. Los primeros esquís se los regaló mi abuela. Leíamos juntos las historias de Winnetou... para jugar luego en el césped junto a la orilla del Scawa como si fuéramos guerreros piel roja; Laskowiec, la cima del monte, era la meta de nuestras excursiones escolares. Karol escuchaba con admiración los conciertos que se organizaban en mi casa y participaba a los concursos de recitación en el colegio».

Juan Pablo II, aunque llegara a visitar Wadowice tres veces durante las peregrinaciones a su patria, nunca llegó a entrar en su casa, siempre a causa de algún imprevisto. Sus pasos iban siempre directos a la iglesia. Sobre el altar, se encuentra la efigie de la Virgen, y junto a los patrones de Polonia, los santos Estanislao y Adalberto. En la nave izquierda, encontramos el cuadro milagroso de la Virgen del Perpetuo Socorro, donde Karol se arrodillaba cada mañana antes de ir a clase cuando hacía el bachillerato. En el 1999 Juan Pablo II coronó solemnemente este cuadro de la Virgen colocando al lado su rosario.

Los frescos del techo son significativos: con motivo del 25° aniversario del pontificado de Juan Pablo II las escenas bíblicas y las enseñanzas del Pontífice recogidas en las encíclicas mostraban la policromía de la iglesia. En la capilla de la Sagrada Familia se puede ver el baptisterio de piedra de época barroca: las velas, siempre encendidas y las flores frescas recuerdan que aquí fue bautizado el Papa de Wadowice. Su destino fue anunciado por el gran poeta Juliusz Slowacki un siglo antes:

«En medio de la discordia
Dios toca una campana inmensa
Le cede el trono a un Papa eslavo…
Es necesaria mucha fuerza
para reconstruir el mundo del Señor
y por ello viene un Papa eslavo
hermano de los pueblos…».

Secreto de Fátima y atentado contra Juan Pablo II

A continuación presentamos algunos extractos del libro “Una vida con Karol”, el extraordinario testimonio del Cardenal Stanislaw Dziwisz, el hombre que fue durante décadas la sombra de Wojtyła.

Publicado por la editorial italiana Rizzoli y por la Librería Editora Vaticana, el volumen de memorias del actual Arzobispo de Cracovia constituye una larga conversación con el periodista Gian Franco Svidercoschi.

Los pasajes son extractos del capítulo 19 “Quei due colpi di pistola” (Aquellos dos disparos), del capítulo 20 “Ma chi ha armato la mano?” (Quién puso el arma en la mano) y del capítulo 26 “E cadde il Muro” (Y cayó el Muro).

* * *

Así es como don Estanislao relata el “descubrimiento” de una relación entre el atentado del 13 de mayo de 1981 y el tercer secreto de Fátima

En realidad, Juan Pablo II no pensó en Fátima en los días inmediatamente después del atentado. Fue más tarde, después de haberse recuperado y haber recobrado un poco las fuerzas, cuando comenzó a reflexionar sobre esa coincidencia tan peculiar. ¡Justo el 13 de mayo! El 13 de mayo, de 1917, fue el día de la primera aparición de la Virgen en Fátima, y el 13 de mayo era también el día en el que habían intentado asesinarlo.

Finalmente, el Papa se decidió. Pidió permiso para ver el tercer “secreto”, conservado en el Archivo de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y el 18 de julio, si no me equivoco, el entonces prefecto de la Congregación, el cardenal Franjo Seper, le entregó dos sobres – uno con el texto original de sor Lucía y otro con la traducción en italiano – a monseñor Eduardo Martínez Somalo, sustituto de la Secretaría de Estado, la persona que lo llevó al Policlínico Gemelli. Eran los días en los que tuvo que ser hospitalizado por segunda vez. Fue allí donde el Santo Padre leyó el “secreto” y, una vez leído, ya no tuvo más dudas. En aquella “visión” reconoció el propio destino; se convenció de que le habían salvado la vida, más bien, se la habían concedido nuevamente gracias a la intervención de la Virgen, a su protección.

Sí, es verdad, el “obispo vestido de blanco” fue asesinado aquel día, según informó sor Lucía; mientras que Juan Pablo II había escapado de una muerte casi segura. Y entonces, ¿No podría haber sido esa la intención? ¿No es posible que los caminos de la historia, de la existencia humana, no estén forzosamente preestablecidos, y por lo tanto, que exista una Providencia, una “mano materna”, capaz también de hacer “fallar” al que apuntó con el arma con la intención de matar?

“Una mano disparó y otra desvió la bala” decía el Santo Padre. Y hoy aquella bala, ahora “inocua”, permanece incrustada en la corona de la estatua de la Virgen de Fátima.”

[Pagg. 121-122]



¿Quién armó a Alì Agca?

Alì Agca era el asesino perfecto. Enviado por los que consideraban que el Papa era peligroso, incómodo. Por los que le tenían miedo. Enviado por los que tanto se asustaron cuando se anunció la elección de un Papa polaco. Dicho así, ¿cómo no se puede pensar en el mundo comunista? ¿Cómo no plantearse quién pudo decidir el atentado? ¿Cómo no se puede pensar, al menos en línea de hipótesis, en el Kgb? Habría que tener en cuenta todos los elementos de aquel escenario. La elección de un Papa polaco, mal vista por el Kremlin; su primera visita a Polonia; la explosión de Solidarnosc. En aquel momento, además, la Iglesia polaca acababa de perder a su gran primado, el cardenal Wyszynski, a penas fallecido. ¿No nos lleva todo hacia esa dirección? Las opciones, aunque diferentes, ¿no conducen todas hacia el Kgb?

( ... ) Tampoco se creía en la “pista búlgara”, ni en muchas otras reconstrucciones. Como aquella relativa a la desaparición de Emanuela Orlandi, donde la prensa, con la ayuda de algún mitómano, trataba de demostrar a toda costa la hipótesis de una conexión de ésta con el atentado, con el Vaticano, y con el Papa. Pero no existía ninguna conexión objetiva, directa o indirecta. La única cosa real era la angustia del Santo Padre por la suerte de esa pobre chica, y su solidaridad cristiana por la familia afectada.

[Pagg. 125-126]



La caída del Muro de Berlín en 1989 y las revelaciones de Fátima

Juan Pablo II no se lo esperaba. Evidentemente pensaba que aquel “sistema”, socialmente injusto y económicamente ineficiente, estuviera destinado, antes o después, a desaparecer. Pero la Unión Soviética seguía siendo una potencia geopolítica, militar y nuclear. Y por ello, no considerándose un profeta, como solía bromear, el Santo Padre no esperaba que la caída del comunismo ocurriera tan pronto. Y, sobre todo, que el movimiento de liberación se extendiera de forma tan rápida e incruenta.

( ... ) El Santo Padre la consideraba una de las revoluciones más grande de la historia. De hecho, analizándola en una dimensión de fe, la consideró como una intervención divina, como una gracia. Para él, la caída del comunismo y la liberación de las naciones del yugo del totalitarismo marxista estaban sin duda relacionadas con las revelaciones de Fátima, con la consagración del mundo y particularmente de Rusia a la Virgen. Ella misma pidió a la Iglesia y al Papa. “Si atendiesen a mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, extenderá sus errores por el mundo...” aparecía escrito en las dos primeras partes del “secreto”.

Y así, el 25 de marzo de 1984, en la plaza de San Pedro, ante la estatua de la Virgen traída expresamente desde Fátima, y en unión espiritual con todos los obispos del mundo, Juan Pablo II realizó el acto de consagración a María. Sin nominar expresamente a Rusia, pero aludiendo claramente a las naciones que “lo necesitan particularmente”. Así fue realizado el deseo de la Virgen, y justo entonces, comenzaron los primeros episodios de la caída del mundo comunista