ROSA

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miércoles, 16 de marzo de 2011

SOS EL MAR NO ES UN BASURERO

Cada año se consumen alrededor de un trillón de bolsas de plástico, de las que solo se recicla una ínfima parte porque es mucho más barato fabricar bolsas nuevas que reciclarlas. Más económico si solo se piensa en el coste inmediato. Si se mira un poco más allá nos damos cuenta que el precio a pagar por la inconsciencia es MUCHO MAYOR.
Algo que ya denuncian numerosas organizaciones con sus manifiestos y algunos artistas con sus impactantes imágenes. Millones de bolsas de nylon y plásticos de todo tipo son abandonados en la costa y el viento o las mareas se encargan de arrastrarlos al mar.
Una bolsa de nylon puede navegar varias decenas de años sin degradarse. Las tortugas marinas las confunden con medusas y las comen ahogándose en el intento por tragarlas. Miles de delfines caen también en la confusión y mueren ahogados por la envoltura de un emparedado. Ellos no pueden reconocer los desperdicios humanos, simplemente se confunden, después de todo, "lo que flota en el mar se come
La mayoría de las bolsas de plástico van al mar desde barcos o a través de los desagües. También contaminan nuestros ríos y la tierra. Diferentes especies marinas mueren al confundir el plástico con comida. Las bolsas se fotodegradan y partículas microscópicas tóxicas entran en la cadena alimentaria.

¿Qué podemos hacer? Si usamos una bolsa de tela, podemos ahorrar 6 bolsas por semana, 24 bolsas al mes, 288 bolsas al año, 22.176 bolsas durante una vida promedio. Afortunadamente muchos países se están concienciando prohibiendo las bolsas de plástico típicas y/o sustituyéndolas por bolsas biodegradables. El compromiso por parte de todos hará cambiar la situación.
Las bolsas desechadas ensucian las ciudades, atentan contra la vida silvestre, tapan los desagües y su biodegradación tarda decenios. Muchos gobiernos, desde el de la India hasta el de Irlanda, han hecho causa común para erradicarlas de una vez por todas.
Cada año los consumidores nos llevamos a casa de 500,000 millones a 1 billón de bolsas en todo el mundo; es decir, unas 150 por habitante, en promedio, o más de un millón por minuto en total.
Tras viajar de la caja del supermercado a la cocina y pasar un tiempo como forro del bote de basura de la cocina, casi todas las bolsas van a parar a un vertedero, aunque algunas escapan en el camino.
Es entonces cuando se hacen evidentes: vuelan por las calles y ondean en las ramas de los árboles.
Las bolsas también pueden ser letales para la vida silvestre.
El grupo ecologista Planet Ark calcula que decenas de miles de ballenas, aves, tortugas y focas mueren cada año a causa de ellas, debido en parte a que al flotar parecen apetitosas medusas, al menos para las tortugas. Una víctima fue un rorcual que encalló en Francia con casi un kilo de bolsas y envolturas de plástico en el estómago.
Los daneses fueron los primeros en reducir el uso de estas bolsas (en 66%) cuando, en 1994, impusieron a todos los empaques un gravamen a cargo de los supermercados, no del consumidor. En 2001 Taiwán implantó restricciones al uso de las bolsas y después fijó un cargo obligatorio de unos 4 centavos de dólar por cada una. En 2002 Bangladesh fue aún más lejos al prohibir el comercio de polietileno y establecer una multa de 9 dólares al uso de este material. y hasta hoy greenpeace y otras organizaciones nos dicen STOP EL MAR NO ES UN BASURERO.
Para promover el uso de materiales más resistentes y reciclables, Sudáfrica ha declarado ilegales las bolsas de menos de 30 micras de grueso (la bolsa de supermercado promedio mide unas 18). Varias ciudades australianas han prohibido los plásticos en espera de que el gobierno nacional decida si proscribe el uso de las bolsas.
Las bolsas de plástico son un símbolo de una sociedad que usa y desecha las cosas sin pensar. Las bolsas biodegradables no sirven más que para tranquilizar la conciencia de la gente. Y para las tortugas se parecen tanto a las medusas como las bolsas no biodegradables.
Tal vez la solución sea seguir el ejemplo de los enganchabolsas de Nueva York. Provistos de un tubo telescópico con un gancho en la punta, el escritor Ian Frazier y sus amigos han puesto de moda el deporte urbano de recoger la basura de las ramas de los árboles. Es una solución práctica y divertida que todos podemos aceptar.

Víctima: polluelo de albatros de Laysan. Edad: 6 meses. Causa de muerte: inanición por saturación del estómago. Contenido del estómago: encendedores, atomizadores, cáscaras de nuez, cartuchos de escopeta, cientos de pedazos de plástico.
El alimento que los albatros regurgitan en el pico de sus crías debe consistir en calamares, peces y hueva de pez. Los adultos vuelan miles de kilómetros para obtener el alimento en donde se concentra: los remolinos que crean las corrientes en medio del mar.
Sin embargo, las aves también tragan la basura que queda atrapada en los remolinos y después se la dan a las crías. Antes de emplumar, los polluelos vomitan de manera natural los elementos orgánicos no digeribles. La inanición provocada por desechos marinos es una causa frecuente de muerte en los polluelos que no empluman.