ROSA

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martes, 19 de julio de 2011

ANTOINE BRUGEROLLE DE FRAISSINETTE




Nos acordamos de ese niño que desapareció el 11 de septiembre de 2008. Su madre y su compañero lo habían dejado solo en casa mientras iban a cenar al restaurante. Su ausencia no fue larga, pero a su regreso, el niño había desaparecido. Eso ocurrió el 11 de septiembre de 2008, en Issoire, en el Puy-de-Dôme. El 24 de mayo, Antoine ha cumplido 7 años *.

A pesar de las declaraciones formuladas por el fiscal, 9 meses después, aún no sabemos lo que le ocurrió... (Ver en este blog, Antoine, el niño olvidado)

Y, coincidencia de fechas, ayer 25 de mayo fue el Día Mundial de los niños desaparecidos. Según el Comisario Frédéric Malon (el responsable de la OCRVP **), el número de desapariciones inquietantes ha franqueado por primera vez el jalón de los 10.000 (10.846) el pasado año – entre ellos 500 menores de edad. Y para 304 de estos menores se trata de un caso criminal. Algunos han sido resueltos, pero a 1 de enero, sobre 77 niños, todavía no sabemos nada...

La Comisión Europea acaba de adoptar un número de llamada de emergencia para niños desaparecidos, el 116 000. Pronto el indicativo 116 será utilizado para otros servicios sociales. Los Estados no están obligados a prestar estos servicios y podrán delegarlos a organizaciones privadas.

Así, en Francia, será el Institut national d'aide aux victimes et de mediation (INAVEM), quien asegure (24h al día) la atención a las familias, mientras que la Fondation pour l’Enfance se encargara de la orientación hacia las administraciones y asociaciones especializadas.

El 116 000 está en funcionamiento desde el 25 de mayo de 2009.

Al otro lado del Atlántico, en Quebec están muy sensibilizados con este problema, con 17 casos diarios (en el 63% de los casos, el niño es encontrado durante las primeras 24 horas).

Para la Sra. Pina Arcamone, responsable de la asociación Enfant-retour Quebec, un niño desaparecido se convierte en una responsabilidad de toda la colectividad y necesitamos que el público se sienta concienciado. Lo importante es obtener indicios. Varios casos no avanzan debido a la falta de información o de un simple primer indicio de partida.

Ella piensa que es necesario discutir de este riesgo con los niños, para que sean conscientes de las situaciones peligrosas.

Personalmente, estoy de acuerdo con este análisis:

- Sensibilizar a los niños y las personas que los guardan.
- En caso de desaparición, recoger (muy rápido) el máximo de detalles, de testimonios... para iniciar las búsquedas y orientar útilmente a la investigación.

Y quizás no sería inútil sensibilizar también a jueces, policías y gendarmes, recordándoles que sólo existe una certeza: cuando un niño desaparece, nunca se trata de una investigación ordinaria.