ROSA

ROSA

sábado, 24 de septiembre de 2011

LEYENDAS DEL CRISTO NEGRO


















El Señor del Veneno

Don Fermín de Andueza era un hombre rico, virtuoso y estimado por la gente. Diariamente iba a misa al amanecer, cuando entraba y salía de la iglesia le rezaba a un gran crucifijo, le besaba los pies y depositaba unas monedas de oro en el plato petitorio.
Sin embargo, Don Ismael Treviño , que era egoísta y envidioso con todos, le tenía unos celos absurdos y siempre despotricaba contra Don Fermín e incluso le obstaculizaba algunos negocios y nunca pudo frustrárselos.
Su envidia se transformó en odio y un día planeó matarlo, aplicó un veneno de efecto paulatino en un pastel de hojaldre que le dio a Don Fermín con la mentira de ser obsequió de un concejal amigo suyo. Don Fermín se lo comió y Don Ismael lo espió para asegurarse de que surtiera efecto.
Al día siguiente en la mañana, Don Fermín estando en la iglesia, le rezó al crucifijo como de costumbre y al besarle los pies se ennegreció rápidamente, para absorber todo el veneno de Don Fermín. Los feligreses presentes se sorprendieron del fenómeno; Don Ismael también allí presente, se conmovió y se arrepintió de su odio. Le confesó su propósito a Don Fermín y él lo perdonó. Don Ismael abandonó la ciudad y nadie supo más de él.
Ese cristo negro se destruyó en un incendio que sólo al le perjudicó y fue reemplazado por otro que está en la Catedral de México.

Cuenta la leyenda popular que a principios del siglo XVII, existían dos grandes grupos indígenas que tenían rivalidades por cuestiones territoriales: los de La Peña y los de Ahuacatlán. Un día, llegó un arriero a la Hacienda de San Gaspar, en donde laboraba un numeroso grupo de jornaleros de La Peña. El arriero les ofreció en venta una de las tres imágenes que traía consigo. Al ver éste que los jornaleros no tenían ningún interés en ninguna imagen, les dejó una para que lo pensaran, prometiendo regresar al otro día. El misterioso personaje jamás regresó. En aquel momento el Cristo era blanco, de proporciones y características europeas.

El apego de los indígenas a la imagen fue creciendo a tal punto que solicitaron permiso al hacendado de festejarlo, en su particular modo, con danzas y chirimías acompañadas de comida y regadas con pulque. Al hervor de los alcoholes, se olvidaron del respeto a sus patrones.

Cada año la historia se repetía e iba en aumento, hasta que los patrones decidieron donarles la imagen con la condición de que le construyeran una ermita lejos de su propiedad. Así fue como el Cristo quedó ubicado en una modesta construcción de carrizo y zacatón.

Un 3 de mayo, festejando la Santa Cruz, en medio de la euforia y al calor de los pulques, fueron sorprendidos por sus enemigos, los de Ahuacatlán. Fue una terrible batalla y no se sabe si, por accidente o con intención, la ermita se quemó. Esto acabó repentinamente con la lucha. El gran misterio fue descubrir que entre las cenizas estaba intacta la imagen. No se quemó, aunque sí cambio de color: ahora era totalmente e irremediablemente negro.

Al lugar acudió el sacerdote misionero, que asumió y explicó a los indígenas que el cambio de color se debía a la acción redentora de Dios para liberar a ambos bandos del odio, rencor y venganza que los consumía, logrando así la paz y armonía en el Valle de Temascaltepec, hoy Valle de Bravo. La imagen fue llevada en una procesión conjunta a la capilla "el Calvario", construida por los frailes en Ahuacatlán y reconstruida más tarde dedicada a la Asunción de María. De allí tomo el nombre de El Señor de Santa María.

La historia del Milagroso Señor de Esquipulas, llamado también Cristo Negro de Esquipulas, es muy conocida en los países de Centro América y el sur de México. En 1595, a pedido de los indígenas del pueblo de Esquipulas, Guatemala, un joven muy religioso de nombre Quirio Cataño, esculpió la imagen de Cristo crucificado. Los indígenas querían una imagen de color oscuro, semejante al color de su piel, pero como no existe madera tan oscura, aceptaron la que el joven Cataño les entregó a los pocos meses, y que fué colocada en una especie de ranchito-cabaña, mientras terminaban el Santuario en el centro de Esquipulas, al mismo que su celebración quedó fijada para el día 15 de enero.

Existen varias versiones en relación con el color oscuro de la imagen. Una es que el humo de los innumerables cirios que alumbran el Santuario constantemente, provocó el oscurecimiento de la imagen. La tradición nos dice que de la noche a la mañana apareció completamente oscura, milagro que hizo Nuestro Señor para complacer a sus hijos del pueblo de Esquipulas.

Los milagros son innumerables. La veneración al Señor de Esquipulas trasciende las fronteras de Guatemala. Millones de peregrinos procedentes de toda Latinoamérica, así como también de Europa acuden anualmente a venerar la sagrada imagen. Hay varios libros que se han escrito sobre el Señor de Esquipulas y sus milagros. Las novenas son numerosas.

El Santo Padre Juan pablo II visitó Guatemala el 6 de febrero de 1996 para celebrar los 400 años de haber sido esculpida la Imagen del Señor de Esquipulas. En esa ocasión designó al Santuario como Basílica.