ROSA

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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Abdeslam Brada monstruo que mato a sus hijos 6 y 2 años

Abdeslam B. se detuvo, la madrugada de ayer, frente a una patrulla nocturna de la Guardia Urbana que paseaba delante del Liceo, en plena Rambla barcelonesa. El hombre, marroquí de 36 años, estaba "desorientado" y, a la 1.30 de la madrugada, inició una charla "confusa e inconexa" con los agentes que tuvo un desenlace extraordinario: Abdeslam confesó, en plena calle, ser el sospechoso al que la policía buscaba por el triple crimen de Tarragona. "Vosotros, la policía, me estáis buscando. Mi familia en Marruecos me quiere matar", dijo a los policías antes de explicarles, también, que había apuñalado a su mujer y a sus hijos.Los agentes, sorprendidos por la confesión del individuo, le identificaron e introdujeron sus datos en la agenda electrónica con la que patrullan. Comprobaron que sobre él pesaba una orden internacional de detención. El hombre fue trasladado a la comisaría de la policía local en la Rambla y después, puesto a disposición de los Mossos, que anoche le interrogaron en Reus.




Los cuerpos de la mujer, de 26 años, y de los dos hijos de la pareja, de seis y dos años, fueron hallados la semana pasada en la bañera del piso. Los cadáveres, en avanzado estado de descomposición, estaban cubiertos de cemento y yeso. Abdeslam tenía una orden de alejamiento después de que la mujer le denunciara por malos tratos. Pese a todo, la familia seguía conviviendo en la misma casa de Tarragona.

El hombre desapareció del mapa tras cometer, presuntamente, el triple crimen. Los Mossos d'Esquadra sospecharon que podría haberse desplazado a Tánger, su ciudad de origen. Pero en vez de eso se marchó a Bélgica, de donde regresó el miércoles, también en avión, a Barcelona. El presunto homicida había sido atendido por los servicios sociales por problemas psicológicos.

Tras degollar de madrugada a su mujer Saida de 27 años y a sus hijos de sólo 6 y 2 años en su piso de Tarragona, Abdeslam Brada sepultó los cuerpos en la bañera bajo una mezcla de cemento y yeso, según considera probado el ministerio fiscal. Así pudo esconder los cadáveres, ganar tiempo y escapar fuera del país sin levantar sospechas.

Primero en dirección a Algeciras y Marruecos y después hasta Bruselas, donde buscó sin fortuna la ayuda de familiares, según sostiene la policía. Ayer, en el arranque del juicio, un año después de descubrirse el crimen macabro, el acusado sorprendió durante su declaración al asegurar que si viajó fue para buscar trabajo y negar ser el autor del triple asesinato.

El presunto parricida explicó que supo que habían matado a su familia cuando se encontraba en Bélgica por una llamada de su hermano y que fue entonces cuando decidió regresar, muy afectado. Con detalle, aunque con varias contradicciones, Abdeslam explicó que viajó hasta Algeciras para trabajar como transportista junto a su hermano, a 30 euros diarios, pasando mercancías por la frontera hasta Marruecos. Después relató su viaje a Bruselas en avión, desde Sevilla, buscando nuevas oportunidades. Mientras tanto, en su piso de la calle Reial de Tarragona los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana se estremecían al localizar los cadáveres de su mujer e hijos cosidos a cuchillazos.

El presunto parricida explicó que cuando viajó de Bélgica a Barcelona, donde fue detenido por la Guardia Urbana, vio a varias personas que le perseguían para hacerle daño. Él mismo explicó que los mismos que le perseguían para matarle fueron quienes asesinaron a sus hijos y su mujer en Tarragona y que así lo explicó a los agentes que le detuvieron en la Rambla.

"Son sangre de mi sangre, es imposible que haya hecho lo que dice la policía", respondió a preguntas de su defensa, que pide la absolución. Cuando ocurrieron los hechos, Brada presentaba un "cuadro agudo de tipo esquizofrénico, predominando cuadros de ideación delirante, persecución, ideas de megalomanía, irritabilidad y comportamiento agresivo", determinaron los especialistas que le examinaron. La fiscalía pide por esta razón su absolución a cambio de una condena de 75 años de internamiento en un centro psiquiátrico penitenciario.

"No estoy loco", respondió ayer mientras le interrogaba la fiscal. El acusado explicó con toda normalidad que tiene la capacidad de discernir con sólo tocar las manos de una persona si es o no una buena persona y si ha cometido un asesinato. "Tengo el don del sultán", añadió. Abdeslam explicó que los problemas con su mujer empezaron porque ella creía que estaba loco. Fue entonces cuando su esposa lo echó de casa y denunció la agresión y las amenazas, por lo que el juez decretó una orden de alejamiento que él quebrantó.

La defensa intentará demostrar durante el juicio, que continuará hoy en la Audiencia de Tarragona, que no existe una sola prueba directa que relacione a Brada con los tres asesinatos. "Juro por el Corán que digo la verdad", añadió el acusado.

Abdeslam no pudo ser ayer fotografiado ni grabado por las numerosas cámaras que siguen el juicio de un caso que provocó una enorme conmoción en Tarragona. El magistrado que preside el juicio ha denegado la difusión pública de su imagen al considerar que "el acusado sufre una grave enfermedad mental que lo hace especialmente vulnerable y que podría verse alterado". El acusado, cuya voz sí pudo escucharse en directo, se expresó con aparente tranquilidad. Si es considerado culpable, se pasará como máximo 40 años en un centro de internamiento, el máximo que permite la ley, porque la fiscal sostiene que "tiene una alta peligrosidad".

"Es una causa especialmente triste por las circunstancias, porque murió una mujer y dos niños, pero además quien realizó el crimen es una persona enferma", advirtió este lunes la fiscal ante el jurado popular.