ROSA

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miércoles, 14 de diciembre de 2011

tributo a los hermanitos Yaanis y Mira







Lo llaman la muerte dulce y buscarla era bastante fácil: Elke Mellersh, de 46 años, cerró puertas y ventanas, encendió una antigua estufa de carbón y dejó que se apagara. El monóxido de carbono, un gas inodoro, produce sopor primero y asfixia después: mata sin dolor. Lo que no está claro es por qué la madre alemana, escondida en Turquía, quiso dejar de vivir y, de paso, matar a sus dos hijos: Mira, una niña de seis años, y Yaanis, un chico de ocho. Ni cuál es el trasfondo de esta siniestra historia.

Los cadáveres de los tres fueron descubiertos este fin de semana en Söke, una pequeña ciudad turca en la costa del Mar Egeo. Hasta ahora, lo único obvio es que se trata de un suicidio y no de un accidente: una nota en la puerta avisaba: "Atención, gas peligroso. Dejar muy abierto".

Elke Mellersh nació en Alemania como Ilknur Per y aparentemente era de origen turco, pero poseía la nacionalidad alemana y, según la página web creada por sus suegros, su lengua materna era el alemán, aunque hablaba con fluidez inglés y francés, así como algo de griego y turco. Tenía dos hijos con su marido, Justin Mellersh, de nacionalidad británica y oriundo de Hampshire. Hace aproximadamente dos años que intentó separarse de él, pero los tribunales no le dieron la custodia de los hijos, acorde a esta versión.

En febrero de 2010, tras unas decisiones judiciales adversas, huyó con los pequeños. Fue vista por última vez en la ciudad alemana de Bremen y más tarde se refugió en Turquía. Sus suegros difundieron en internet llamamientos para encontrar a los hijos secuestrados y apelaron directamente a Elke a volver para no poner en riesgo la estabilidad emocional de los pequeños.