miércoles, 19 de diciembre de 2012

Nicolas GUTIERREZ MENDOZA EL MONSTRUO DE PARCONA











El monstruo de Parcona Asesino fue capturado por dos campesinos. Lo sorprendieron cuando intentaba violar a otra menor Consternación y pesar en el distrito de Parcona, Ica, durante el sepelio de la niña Karen Flores. Nicolás Gutiérrez Mendoza, con el cabello cortado, en su celda aislada en el penal de Cachiche. Se muestra inmutable ante presencia del fotógrafo. Informe de ISMAEL LEON y CATHERINE LANSEROS EL miércoles 4 de setiembre ocurrió el desenlace. Al caer la tarde los campesinos Juan y Carlos Espino Castillo, hermanos de 28 y 25 años, terminaban sus faenas en el fundo Buendía, un predio de cinco mil metros a seis kilómetros de Ica, al borde de la carretera, entre los distritos Parcona y La Tinguiña. Ellos observaron que un sujeto flaco ingresaba al fundo llevando de la mano a una niña, furtivamente, a través de un pequeño forado hecho en el cerco de ladrillo. Se sobresaltaron. La noticia de las desapariciones también los tenía preocupados y decidieron salir de dudas. Siguieron los pasos del hombrecito y su presa y los vieron entrar a una choza abandonada. Derribaron la endeble portezuela y allí se dieron de cara con el horror. La pequeña yacía llorando sobre el piso, semidesnuda y el criminal se disponía a violentarla sexualmente. Al verse sorprendido, Nicolás Gutiérrez Mendoza salió disparado por la misma puerta y con un pequeño puñal en la mano derecha. "La familia", dibujo de la niña Jenny Champa. (Der.) Jenny disfrazada de enfermera. Desapareció el 3 de enero de 1996. Su cadáver fue hallado nueve días después cerca a las pozas de oxidación en San Juan de Miraflores. Tenía sólo 9 años. Juan, el mayor de los hermanos Espino, decidió perseguirlo mientras Carlos permaneció al cuidado de la niña. El que salió a la carrera detrás del violador lo alcanzó después de intensa persecución a través de cinco cuadras. Lo acorraló muy cerca de Parcona. Allí Gutiérrez intentó defenderse con el puñal y su perseguidor pidió auxilio a gritos. El sujeto volvió a correr y se metió a su casa, ya en Parcona. El perseguidor gritó, "aquí está el asesino". Al oírlo los vecinos salieron de sus casas y armados de piedras y palos cazaron al prófugo, quien no tuvo más remedio que rendirse. Lo ataron y a rastras lo condujeron hasta el puesto policial,donde procedieron a entregarlo.Lo que sorprendió a la familia y a los periodistas, fue que al día siguiente un oficial de la Policía se presentó ante la prensa y muy orondo atribuyó a su trabajo la captura del violador. Pero la tarea no estaba concluida. Ya tenían al violador-asesino pero no los cuerpos del delito. Otra vez fue la población la que resolvió el enigma. Brigadas de pobladores organizados rastrearon lugares dudosos, comenzando por los terrenos adyacentes al fundo Buendía y a la casa de Gutiérrez Mendoza. Hallaron el primer cuerpo de los cuatro que luego irían desenterrando. IRA GENERAL Mientras tanto la población de Parcona ha cursado un memorial con tres mil firmas al jefe de la Policía Nacional, Antonio Ketín Vidal, en el que piden drásticos cambios en la policía de la IX Región de Ica. Familiares directos de las víctimas, amigos y pobladores, recuerdan que al producirse la primera desaparición, la denuncia fue puesta en la comisaría de Parcona donde les dijeron, "tienen que pasar 24 horas para que se considere a una persona como desaparecida". Los padres de las menores discutieron con los policías de Parcona. Les recordaron que muy cerca, en Pachacámac, Lima, se habían cometido varios crímenes contra niñas después de sus desapariciones. No obtuvieron respuesta y se fueron a Ica. Terrenos del fundo Buendía, donde hallaron los primeros cadáveres. Allí el general Rolando Quesada Bringas procuró calmarlos. Pero a mediados de julio ya eran tres las desaparecidas sin dejar rastros y en circunstancias similares. Las menores se esfumaban en las calles, siempre solas, nadie escuchó gritos ni señales de violencia, lo que permitía suponer que el secuestrador las seguía, calculaba sus pasos y luego las llevaba con engaños. La tercera semana de agosto, en Parcona, la gente bordeaba el pánico. Se habían evaporado dos niñas más -ya iban seis-, no había pistas de responsables y la Policía no entraba en acción. Nadie vio un rastreo en la periferia de Ica, en los lugares sospechosos, donde suelen reunirse drogadictos y borrachines. Ante la presión de la prensa, sobre todo de las radios locales, un oficial fue a una emisora y los acusó de alarmistas. Se repetía el fenómeno de mediados del año pasado y mayo de este año en la delegación de José Gálvez, Villa María del Triunfo. La menor Palmira Arroyo Quispe en foto que sostiene su señora madre, en Villa María. LA PRIMERA VICTIMA. El 26 de mayo de 1995, la salida fue más temprano que de costumbre en el colegio. La madre de Palmira Arroyo Quispe, de 8 años, solía ir a recogerla a la escuela a las cinco de la tarde, pero esta vez no la encontró. En el colegio le informaron que habían salido temprano y que probablemente estaría con alguna amiga. La madre se preocupó porque ellos vivían en José Galvez, Villa María del Triunfo, sólo un mes atrás. Se acababan de mudar del Callao y su hija aún no conocía a mucha gente. Días más tarde, cerca de allí, en el AA.HH. 19 de Julio, un obrero vio ingresar a una construcción desolada a un hombre que tenía una niña pequeña en brazos y al parecer estaba dormida. Avisó a su capataz y fueron a buscar al dueño de la construcción. Con la Policía encontraron el cadáver de la niña en descomposición, en el lote 3 de la manzana E. El día de la desaparición, la alarmada madre se había dirigido a la delegación policial de José Galvez. La respuesta que recibió fue que tenía que esperar que transcurrieran 24 horas. Al día siguiente regresó para que buscaran a su niña y le dijeron que no tenían gasolina para la camioneta. Entonces decidió pedir ayuda a la comunidad y lograron encontrar el cuerpo. JENNY Jenny, 9 años, desapareció el 30 de enero de 1996 a las 6 de la tarde. Su madre, Isabel, estaba vendiendo en el puesto de ropa que tiene en el mercado y dejó a Jenny al cuidado de su abuela. Ya varias niñas habían sido violadas e Isabel no quería que su hija corriera la misma suerte. Sin embargo, en un descuido de la abuela, la nieta salió a jugar a la calle. Los vecinos vieron a la niña caminando en dirección al mercado, de la mano de un desconocido. El día de la desaparición, cuando la madre de Jenny acudió a la Policía, ellos le dijeron que su niña debía estar jugando con alguna amiguita y que volviera al día siguiente. Además ya era muy tarde y el pueblo a esas horas era peligroso. Cuando regresó y pidió que buscaran a su hija, le respondieron que no tenían ni unidades ni personal disponible. Encontraron su cadáver seis días después, en una chacra cercana a la laguna de oxidación. El cadáver de la última niña que Gutiérrez violó en el Cono Sur, fue encontrado a pocos metros de la vivienda de una hermana suya, en cuya parte posterior había una choza donde vivía el violador. Cuando fue capturado confesó haber estado en el levantamiento del cadáver. Entonces fue capturado por la Policía, que después de tenerlo preso cuatro días lo liberó, argumentando que no tenían pruebas en su contra. Gutiérrez engañó a sus captores. Después se dirigió a Ica llevado por su madre. DESIDIA POLICIAL La gente de José Galvez ha protestado constantemente por el abandono en que los ha sumido la delegación policial de su zona. Un ex dirigente se quejó a CARETAS: "Aquí vivimos a salto de mata, la ley no nos ampara y constantemente somos víctimas de robos, atracos y amenazas. La única manera que tenemos de protegenernos es organizando nosotros mismos a la comunidad". Una de las pequeñas víctimas iqueñas. En enero de este año los pobladores de este asentamiento se dirigieron a la delegación policial para protestar y estuvieron a punto de apedrearla. La respuesta de las autoridades fue cambiar al mayor, capitanes y sub-oficiales de la delegación. Las cosas, sin embargo, no mejoraron. El capitán Díaz de la Vega concentra las iras de los vecinos. El 30 de marzo de este año el alcalde Rafael Chacón, creó los Puestos de Seguridad Ciudadana, a cargo de personal contratado. José Gálvez ya cuenta con tres de estos módulos ubicados en sectores claves del asentamiento.
Víctimas
COMPROBADAS

1. Palmira Arroyo Quispe, 8, 26 de mayo 1995. Su cuerpo se encontró en el AA.HH. 19 de julio Mz.E lote3, José Gálvez V.M.T.
2-Johana Quispe Contreras, (6) 26.8.95 Se encontró el cuerpo en la Av. Grau 1938, José Gálvez
3-Jackeline Lizbeth Paiva Muro, (7) estudiaba en el Colegio Peruano-Japonés 14.9.95 .Se encontró el cadáver en el pasaje Pajares de los Lúcumos, José Gálvez, V.M.T.
4-Keyla Yolanda Goya León, (6) Se encontró el cadáver en la zona agropecuaria del comité N°10 José Gálvez V.M.T. Estudiaba en el Peruano-Suizo de Villa El Salvador.
5-Jenny Fiorella Champa Rueda, (9) 4 de febrero 96. Se le encontró en la Av. Los Eucaliptos 13-B José Gálvez, V.M.T.
6-Lidia Elizabeth Céspedes Rojas, (8) 10 de mayo de 96. Se ubicó el cadáver en el Pasaje Ferrocarril #162 A. Lote 6 José Gálvez V.M.T. 
7-Karen Flores Medrano, (8) desaparecida el 16 agosto 1996 en Parcona.
8-Gina Villafuerte Calderón (7) Parcona, Ica. Desapareció el 17 de julio a la salida del Colegio Santa Rosa 
9-Lizeth Palomino Velásquez (7) Parcona, Ica.
10-Noemí Gamboa Saritúpac (6) secuestrada la tarde de 26 de julio en Ica. Estudiaba en el Colegio N° 22319

PROBABLES

11-A.L.R. (8) 12-I.T.G (8) 13-P.B.T (8) desaparecida en marzo pasado.